Alcaldías perpetuas para la Virgen

Estos días se puede visitar en el CaixaForum de Madrid, la exposición Mediterráneo. Del mito a la razón (del 25 de julio de 2014 al 5 de enero de 2015).

Son piezas de cerámica y escultura de épocas griega y romana acompañadas de explicaciones sobre las escenas que vemos en ellas, reflejo de los mitos y costumbres de cada época. Desde las aventuras de la Odisea hasta Jesucristo, el Serapis predominante en la cultura occidental.

Para quienes visitamos la anterior muestra sobre Mesopotamia antes del diluvio, esta exposición nos parecerá su lógica continuidad y un paso más en el tiempo. En aquella descubrimos las raíces de nuestra “fiesta nacional”, por la importancia que se daba en aquellas primeras culturas al dominio del toro salvaje. En esta podemos encontrar los orígenes de los cultos modernos que tanto nos aproximan a griegos, egipcios y romanos.

Los atributos de Jesucristo estaban ya en mitos paganos anteriores, sin apenas aportaciones novedosas, incluido el nacimiento un 25 de diciembre. De estos y otros asuntos trata también el libro de Nicolás Brihuega Así en el cielo como en la tierra, obra de carácter divulgativo recientemente publicada por Atanor ediciones.

Los mitos han sido necesarios desde que el primer ejemplar del género homo empezó a tener conciencia de sí mismo. Surgieron por miedo a lo desconocido y se afianzaron por razones prácticas (psicológicas, políticas, económicas…) sin requerir método probatorio ninguno.

Con el tiempo, el pensamiento racional ha demostrado ser mucho más necesario y rentable y a menudo ha estado en conflicto con lo que predicaban los mitos, pero sería ingenuo pensar que estos han desaparecido hoy del todo o han limitado su influencia al ámbito privado. Ni siquiera los Estados oficialmente laicos han conseguido sacarlos de sus instituciones. España, como seguramente Italia o Grecia (desde donde nos vinieron aquellos mitos), es un buen ejemplo de ello.

Sigue siendo normal ver aquí autoridades civiles participando en ceremonias religiosas, sea el Corpus o la Semana Santa; o a la inversa (autoridades del clero católico entrometidas en asuntos civiles). Y aunque nos asombra que se dediquen medallas a alguna Virgen por sus presuntos méritos terrenales, la realidad es que hay que iniciar arduos procedimientos legales para conseguir alguna respuesta oficial que justifique tan singular premio. Con frecuencia se hacen homenajes oficiales a víctimas colectivas usando una única plataforma religiosa, aun cuando las víctimas pudieran tener otras religiones o incluso ninguna. Y pocos llaman la atención sobre el hecho de que se dediquen medios de comunicación públicos como soporte publicitario a coste cero para una determinada confesión, en forma de misas de fin de semana o con cualquier otro pretexto; aunque con ello se ignoren sistemáticamente las demás religiones e incluso se ignore el derecho racional a no tener ninguna y disponer igualmente de esos mismos espacios y tiempos.

No extraña, pues, que en paralelo a la exposición de moda sobre mitos mediterráneos, surjan hoy polémicas en torno al anacronismo que supone nombrar mitos religiosos femeninos en calidad de alcaldesas perpetuas. Esperan algunos que el manto de Isis vele por nosotros como lo hiciera antes en la mitología de quienes nos procedieron. Ejemplos más que habrá que añadir a lista de viejos mitos que son adorados en tiempos modernos aun sin saberlo.

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