Borgman o el miedo europeo a la inmigración

Borgman

Borgman (2013), película del holandés Alex van Warmerdam,  premiada en varios festivales (Sitges, Estrasburgo y Suecia), que podemos ver este verano en nuestras salas.

Borgman cuenta la historia de un vagabundo que surge de las entrañas de la tierra, más allá del territorio donde reina el bienestar. Llama a la puerta de una moderna casa de campo habitada por una modélica familia holandesa de clase media-alta. Pide que le dejen entrar y darse un baño. El padre de familia reacciona de forma violenta y la madre, movida por la compasión, calma los ánimos. Aprovechando esta brecha ética dentro de la familia, el vagabundo irá ganando terreno poco a poco en la lujosa casa de campo y lo hará en varios sentidos, incluido el literal, con ese drenaje del lago interior, buena metáfora del pueblo holandés (como comer helados en invierno). El vagabundo consigue sustituir al jardinero oficial de la casa y recoloca en ella a otros misteriosos visitantes…

Dice el director en las entrevistas que se inspiro en el Marqués de Sade y a partir de ahí la película siguió su propio cauce. Quiere que cada cual saque sus propias conclusiones. La mía es que poco Marqués de Sade van a ver aquí.

Una interpretación más verosímil de Borgman es el miedo de los países europeos que gozan de mayor calidad de vida a perder su bienestar por la inmigración no deseada de quienes llaman a sus puertas. Recientemente Bélgica ha expulsado casi 5.000 inmigrantes europeos alegando que eran una carga excesiva para su seguridad social y Holanda se ha negado a abrir fronteras incluso a países que son miembros de la Unión Europea desde hace años.

La población europea envejece, igual que la japonesa y la china, pero el relevo generacional que llega del exterior no sustituye necesariamente al anterior. La economía que genera más valor no es la que precisa más mano de obra y poco o nada cualificada.

El miedo de estos países a perder sus Estados de bienestar es la gran metáfora de Borgman. La brecha moral es la clave y no sabemos si el viraje ético es la solución que propone.

En situación de competencia por recursos escasos nuestras prioridades cambian. Así lo vio también Cormack McCarthy en La carretera y si podemos imaginar esos escenarios es porque tal miedo existe. La moral del superviviente no tiene más objetivo que la propia supervivencia.

Nada casual parece esa alusión velada a Breaking Bad, serie de TV creada por Vince Gilligan, otra historia sobre giros éticos motivados por la necesidad. Uno de los intrusos comenta viendo la tele: “parece que ese químico amigable se ha convertido en un asesino en serie”. Un guiño a la ficción televisiva del momento que sin duda tiene segundas intenciones, síntoma del momento que vivimos.

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