El empleo en la burbuja de la construcción

laconstrucciónLa economía sumergida es esa parte de la economía que no contribuye directamente a la caja común pero, al igual que ocurre con las partículas elementales, se conoce por sus efectos. En España se estima entre un 20 y 25% del PIB (la riqueza total del país)

Durante la burbuja inmobiliaria no solo se enriqueció rápidamente mucha gente en nuestro país; el ladrillo se convirtió además en una especie de merienda de negros que ansiaban blanquear lo suyo.

En 2007 el valor añadido de la construcción en España era casi el mismo que en Reino Unido pero el empleo asociado era el doble. La diferencia es verdaderamente llamativa. Un millón de personas más hicieron falta aquí para generar la misma riqueza, según recogía hace tiempo la oficina estadística de la Unión Europea en este informe.

Dado el elevado nivel de empleo de la construcción en relación con la riqueza declarada, la productividad aparente era comparativamente muy baja. Para entendernos, en España hacían falta 2,2 ocupados por cada empleado de la construcción en Reino Unido.

El pinchazo de la burbuja explica la sorprendente caída del empleo ocurrida en España desde 2008, sin parangón en todo el orbe occidental, y esto a su vez el incremento de la productividad observado a partir de entonces.

También permite entender esas noticias de corrupción con las que nos despertamos casi a diario, aunque para ello haya que deducir el panorama oculto tras las macrocifras de la incoherencia. Con dinero poco claro se podían pagar buenos sobresueldos y buenas comisiones, y hasta conseguir créditos que de otro modo serían denegados. Una combinación fatal dentro de la espiral de la recalificación de terrenos, la construcción y la financiación barata.

El círculo prodigioso de la economía acaba sacando a flote cuentas en paraísos fiscales y patrimonios de origen misterioso, pero la culpabilidad no puede ser solo de algunos políticos. Un poco de autocrítica colectiva no vendría nada mal, sobre todo porque cuando viene el desempleo y no hay cuentas en Suiza para “ir tirando”, de lo único de lo que se puede tirar es de esa caja común de la que tantos se habían olvidado en aquellos felices días de vino y rosas.

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