Televisión, Internet y narrativa

David Foster Wallace no solo fue un escritor innovador de prosa irónica, fluida y rebelde, también fue un crítico agudo de la cultura contemporánea. Leer hoy sus ensayos sobre la sociedad norteamericana y su adicción pasiva a la televisión nos produce la misma impresión que leer las intuiciones futuristas de Asimov sobre la gran biblioteca universal, eso que hoy es Internet.

Cuando la televisión a la carta era todavía una propuesta que sonaba a ciencia ficción, él ya reflexionaba sobre el consumo todavía más adictivo que podrían crear los futuros “teleordenadores”, con ese mundo de fantasías a medida del usuario, y tanto más aislado del mundo real cuanto más dependiente se hiciera del virtual.

Hoy el GPS nos ubica continuamente y los rastreadores de Internet nos muestran aquello que andamos buscando en el momento preciso. Podemos almacenar nuestra memoria en dispositivos y nubes virtuales y tener casi todo sin levantarnos de la silla. Lo último que se anuncia ahora es la comida impresa. No solo vamos a poder enviar recetas a la impresora; dentro de poco nos vendrán ya hechas.

El tiempo que nos ahorran las nuevas tecnologías es una de las mejores cosas que nos ha traído ese futuro imaginado por Asimov. Y junto con eso la posibilidad de mejorar nuestro conocimiento por la cantidad de información y las conexiones que operan a la vez. Es como tener un megacerebro a nuestra disposición las 24 horas del día.

Wallace sabía que los medios y la tecnología cambiarían nuestra relación con el mundo, y también creía que la televisión y sus derivados tecnológicos afectarían la narrativa del futuro.

Hay producciones televisivas y cinematográficas que pueden competir sin complejos con la mejor literatura, y eso es solo un ejemplo de interacción. Últimamente se ha puesto de moda hacer crítica de libros a través de Youtube (booktubers).

Las nuevas tecnologías visuales acabarán repercutiendo en la literatura de otros modos. Los clásicos del futuro asumirán el uso de Internet y esas cosas que nos facilitan tanto la vida como algo intrínseco a las historias (avanzadillas por lo menos ya hay: El blog del inquisidor, Lorenzo Silva). Y en realidad, nosotros mismos, con el uso de todos estos recursos electrónicos, ya estamos cambiando nuestra forma de disfrutarlas, compartirlas y procesarlas.

Lecturas relacionadas:

Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer. David Foster Wallace

La mente errabunda. Isaac Asimov

El blog del inquisidor. Lorenzo Silva

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