Del Papa a Ayn Rand pasando por Marx (Karl)

Caridad y teatro

El Jefe del Estado Vaticano ha dicho recientemente que los comunistas le han arrebatado a la Iglesia la bandera de los pobres. Sostiene además que la decadencia moral alimenta la decadencia política, financiera y social, de ahí la corrupción (ver aquí). Suponemos que al decir esto último no pensaba en la banca vaticana sino que se refería más bien a la corrupción de los otros, pero en lo de la bandera de los pobres tiene cierta razón.

marginaciónHemos visto en estos tiempos campañas en el entorno ideológico de la izquierda que imitan sospechosamente las donaciones que se promueven habitualmente desde la iglesia (operaciones kilo, bancos buenos de alimentos…), tratando de implicar a las instituciones con un intervencionismo ad hoc de suministros gratis, vivienda gratis, etc.

Pero la caridad de estas izquierdas no era muy del gusto del autor del Manifiesto Comunista: “el socialismo conservador busca remediar los males sociales, con el propósito de consolidar la sociedad burguesa. En esta categoría colocan los economistas, los filántropos, los humanitarios, los mejoradores de la suerte de la clase obrera, los organizadores de la beneficencia, los protectores de los animales, los fundadores de sociedades de templanza, los reformadores de todo pelaje… ” Lo que nos lleva a pensar que más que caridad, lo que hay aquí es puro teatro de la indignación, destinado a rentabilizar el asunto políticamente.

Caridad y justicia

manosLa caridad tiene el mismo sentido evolutivo y utilidad que el altruismo. El problema es que ni siquiera los científicos y filósofos se ponen de acuerdo sobre si existe o no el altruismo puro, o sea, el sacrificio del bienestar propio por la mejora ajena sin contrapartida ninguna. Ni si -suponiendo que existiera- sería algo biológicamente bueno bajo cualquier circunstancia. A veces a la selección natural le gusta más el refranero español, que dice que la caridad bien entendida empieza por uno mismo.

Cuando el Estado o los filántropos destinan recursos para ayudas sociales no lo hacen tanto de forma altruista o por algún imperativo cristiano/kantiano, como por razones objetivas y prácticas: garantizar la paz social, obtener ventajas fiscales, mejorar su imagen, etc. Y eso, cuando no se utiliza la caridad directamente para eludir impuestos o hacer negocio.

El Estado tiene además diversas formas de garantizar la paz social, todas las cuales no pasan necesariamente por transferir recursos a quienes los demandan o necesitan, de ahí que las diferentes posturas ideológicas no se pongan de acuerdo en algo que parece tan evidente como es eso de socorrer al necesitado.

Las izquierdas dicen entonces que no se trata de hacer caridad sino que es cuestión de justicia social. Pero la verdad es que tan injusto es no dar al que se lo merece y lo reclama como dar al que no se lo merece tan solo porque forma parte de un colectivo borroso que se define en términos actuantes. Un pobre que pide a las puertas de un supermercado o un inmigrante que asalta con violencia una frontera puede formar parte de una mafia, ser un delincuente o buscar honradamente salir de un atolladero. No lo sabemos a priori, pero puesto que cualquier cosa es posible, ayudar a todos con la misma idea preconcebida no tiene nada que ver con hacer justicia social, solo tiene que ver con seguir a ciegas un imperativo moral, provenga este de la iglesia o de algún humanitario oportunista.

vallasEl caso de la caridad con la inmigración irregular visible y agresiva es particularmente curioso. Al ciudadano común y corriente le llama poderosamente la atención que en el mismo medio de comunicación en el que se publican noticias sobre violaciones de mujeres camino de la frontera cometidas por cualquiera, incluso los propios compañeros de itinerario, o sobre la utilización de menores que ni siquiera son propios para forzar la acogida caritativa, se diga reiteradamente que son las hambrunas las que estimulan principalmente esas migraciones, como si una cosa nos obligara a dejar de ver la otra. ¿Se trata entonces de conmover a los lectores recurriendo a la caridad por encima de cualquier otra circunstancia?… Un vistazo a los comentarios que suelen escribir los lectores tras estas noticias permite ver el espectro moral de una forma más completa, pese a la corrección política que se impone desde las cabeceras editoriales y las redacciones.

De la caridad tonta al egoísmo listo

La caridad indiscriminada y tonta puede ser tan perniciosa para el bien colectivo como las ayudas sociales sin contrapartida.

Una buena medida para combatir la pobreza infantil, por ejemplo, podría consistir en exigir la paternidad responsable como requisito voluntario para solicitar ciertas ayudas, pero eso es justo lo contrario de lo que se hace ahora, que se aumenta proporcionalmente la obligada caridad colectiva cuanto más irresponsable se muestra el destinatario de ellas.  Preferimos insistir en el error por miedo a parecer poco éticos. El Estado paternalista nos convence de que todo es culpa de los demás, así que la responsabilidad individual importa poco o queda bastante devaluada.

No es nada extraño que en tales circunstancias las ideas que defienden el egoísmo y el individualismo hayan ganado adeptos en los últimos tiempos. Es el caso del objetivismo, que promovió la filósofa de origen ruso Ayn Rand, una desconocida en este lado del charco que parece haber resucitado los últimos tiempos (aquí y aquí).

Tampoco es extraño que las ideologías tradicionales, que fueron útiles en determinadas circunstancias, estén hoy haciendo aguas ante la incapacidad manifiesta de abordar de forma convincente nuevas situaciones, como el deterioro de los ecosistemas, los desequilibrios demográficos y económicos o la situación de la mujer en países poco desarrollados. Muchos de estos problemas superan la clásica distinción izquierdas y derechas y requieren moverse mentalmente por derroteros que ni siquiera tienen que ver principalmente con las ideologías. La filosofía moral académica puede ir por un lado, pero la filosofía vulgar puede romper muy bien la urna que le han diseñado desde arriba, sobre todo si no se muestra capaz de resolver con inteligencia las nuevas situaciones a las que el mundo desarrollado se enfrenta ahora.

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