El mundo de Walter Berglund

“La humanidad es el cáncer del planeta”

AtenasEste es uno de los eslóganes del movimiento Espacio Libre liderado por Walter Berglund, uno de los personajes en torno a los cuales gira la novela Libertad de Jonathan Franzen. El superventas de nuestros días no es un hito de la narrativa contemporánea pero sí supone un buen apoyo a la causa ambientalista, lo pretenda o no su autor. Walter nos alarma contra el crecimiento descontrolado de la población, el agotamiento de los recursos naturales, la contaminación y la desgracia que somos para muchas especies.

“Creced y multiplicáos”, le dijo una célula cancerígena a otra (¿o fue Dios a la especie humana?…)

El planeta es muy grande y en teoría hay espacio para que muchas especies aparezcan y desaparezcan según se adapten o no a las condiciones del momento, pero el bienestar de la especie humana tal y como lo entendemos hoy implica, además, altos niveles de consumo energético. A nosotros no nos basta la mera ocupación del espacio.

Contaminación del airePor el momento no disponemos de energías limpias que permitan sustituir completamente a los combustibles fósiles y cuanto más aumente el consumo de energía para mejorar el bienestar de más personas, antes se agotarán estos. El mensaje está ahí desde hace décadas para ser escuchado pero no lo queremos oír.

En el siglo pasado surgió la idea de la energía nuclear de fusión. Una fuente de energía basada en el hidrógeno que parecía limpia y no planteaba problemas de escasez, pero hoy sigue siendo algo en fase experimental que como mucho llega a crear prototipos no del todo viables. La búsqueda constante y casi a la desesperada de nuevas fuentes de energía (en el mar o en el subsuelo) está dándonos la impresión de que el tiempo se agota.

contaminación del aguaA la limitación de los recursos se añade el problema del calentamiento global y la contaminación de las aguas. La energía nuclear actual genera peligrosos residuos y supone un riesgo grave para todas las especies vivas del entorno. Además, precisa materias primas que también son limitadas. El uranio también se agotaría, incluso aunque decidiéramos usarlo como nuestra principal fuente de energía olvidándonos de sus riesgos.

El crecimiento de la población mundial desde la revolución industrial hasta hoy asusta a cualquiera que contemple el gráfico y es de suponer que todos querrán mejorar sus condiciones de vida en los próximos años pero conseguirlo no está asegurado y no saldrá gratis desde el punto de vista ambiental. Quizá sea el momento de hacer un nuevo arca de Noé y empezar a salvar a todas las especies que se pueda, aunque solo sean pajarillos… Esa puede que sea la elección del Walter de Libertad y no sé si debería ser también la nuestra.

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