Menos es mejor

¿Alguna ONG de las que reclama fondos contra la pobreza infantil se preocupa de verdad por acabar con la pobreza infantil? Yo tengo mis dudas.

Como setas proliferan en esta época del año los comerciales de las ONG tipo Aldeas Infantiles con sus mesas portátiles buscando acomodo en cualquier esquina. Mi pregunta es siempre la misma: ¿hacen ustedes algo por fomentar el control de la natalidad en esos países? Dado que se encogen de hombros ante cualquiera que dé signos de usar la razón y no la ciega caridad, está claro que la respuesta debe ser negativa.

Tocar este tema en los medios ha sido tabú durante años y todavía lo sigue siendo. Hay dos razones por las que el asunto resulta incómodo. La primera es religiosa y tiene que ver con la idea que nos inculca la sacralidad de la vida humana incluso antes de ser concebida. La segunda tiene que ver con los antecedentes históricos, al recordar quiénes han ejercido ese control de la natalidad en el pasado desde el poder y contra la voluntad de las personas. Como lugar común se acaba mencionando a los nazis. La ignorancia es muy libre, pero puestos a recordar dígase también que muchos países desarrollados y respetables –no solo la Alemania nazi- han llevado a cabo en algún momento esterilizaciones forzosas y algunos hasta no hace mucho. El caso conocido más reciente ha sido en Suecia con la etnia gitana, pero los ejemplos son muchos y están repartidos por todo el globo, desde Australia a Estados Unidos pasando por el Perú de Fujimori.

Sin embargo, estos abusos nada tienen que ver con el control de la natalidad voluntario, no forzoso, que puede ser promovido desde los Estados con políticas sociales dirigidas a posibilitar un mayor bienestar en países en vías de desarrollo. Esto es lo que hizo China cuando observó (o se les hizo ver desde los organismos internacionales de la época) que sólo poniendo cotas al crecimiento demográfico incontrolado el país podía desarrollarse económicamente y mejorar las condiciones de vida de la población.

Los abusos a los que dio lugar esta política por la dificultad de cambiar la mentalidad, sobre todo en zonas rurales, deberían servir para tomar nota de lo que no se debe hacer, pero están ahí también para enseñarnos el margen que sigue habiendo de cara a una actuación más ética y racional con igual objetivo, si es que de verdad se quiere acabar con la pobreza infantil y facilitar el desarrollo económico en determinadas regiones.

China

Los motivos ambientales o lo que podríamos llamar “el bienestar del planeta” también deberían entrar en el planteamiento del problema demográfico. China es, de hecho, uno de los países que más contamina hoy, pero podemos imaginarnos la situación en la que nos encontraríamos en términos de contaminación y pobreza de haber seguido con la tasa de fecundidad que tenía en 1952:  6,47 hijos por mujer.

Se admite que la tasa de reemplazo ideal en una población estanca es de 2,1 hijos por mujer. La tasa es “ideal” en el sentido de que hace sostenible la misma población a lo largo del tiempo, sin considerar los flujos migratorios, pero es una evidencia que el mundo actual está cada vez más comunicado. Los movimientos migratorios por razones económicas vienen impulsados desde los países pobres hacia los más ricos, nunca al revés, y las enormes desigualdades existentes y los desequilibrios económicos entre regiones no facilitan la necesaria ósmosis poblacional, si lo que se pretende como ideal desde el punto de vista planetario y humano es una reducción de la contaminación y un bienestar repartido de forma más equitativa.

La mortalidad infantil, la maternidad adolescente, el analfabetismo, la trata de personas, el tráfico de órganos y la delincuencia organizada son algunos de los efectos del subdesarrollo y la desigualdad, y viajan junto con la emigración por razones económicas. Aquí, por cierto, un documental sobre tráfico de órganos que debería dar que pensar a los que todavía tienen dudas sobre la necesidad de llevar a cabo políticas sociales que favorezcan el control de la natalidad como paso previo al crecimiento sostenible.

Los problemas que antes veíamos como algo lejano acaban aterrizando a orillas del mundo rico y si somos parte de ellos o destino final, obligado es recordar las soluciones que han funcionado en el pasado y que no consistieron en aumentar el número de intermediarios que claman desde el “pobrismo” por reducir la desigualdad mediante la simple redistribución de fondos y ayudas. Otra cosa es que decirlo aquí sirva de algo o sigamos más bien clamando en el desierto ante tanto prejuicio religioso y tanto inútil tópico navideño.

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