Crisis ideológicas y creencias

Una de las peores cosas para la convivencia en democracia es dejarnos influir por ideologías y creencias absurdas a la hora de formarnos nuestra propia opinión. Analizar situaciones, hechos o datos, sin sesgos ni prejuicios irracionales es una empresa difícil, pero se hace todavía más difícil si ni siquiera somos conscientes de cómo nos pueden estar influyendo.

En España, la nube ideológica en la que cada uno se mueve arrastra opiniones favorables o en contra de asuntos que nada tienen que ver con la economía ni con ese pretendido Estado liberal en el que todos creemos vivir. Asuntos que podrían ser perfectamente ajenos a los partidos políticos como el patriotismo, los toros, el maltrato animal, el feminismo, la violencia machista, la inmigración, las razas, la homosexualidad, el aborto, la religión subvencionada, el islam, el cambio climático, los transgénicos… están, sin embargo, vinculados a ellos. Si uno vota por A o no vota por A, ya tiene opiniones sobre un montón de cosas que alguien en algún sitio decidió pensarlas antes por él.

Nada impide que un votante de cualquier ideología reflexione libremente sobre estos temas y practique respecto a ellos lo que crea conveniente, más aún cuando tenemos información y datos fiables con los que formar nuestro criterio y no meras impresiones.

Esta especie de vínculo opinático por arrastre lo podemos observar en numerosas encuestas de opinión cuando se cruzan variables según el posicionamiento ideológico de los encuestados.

Fuente: Barómetros del CIS

Fuente: Barómetros del CIS

Es algo que está a la orden del día en las redes sociales y no hace falta ser Pérez Reverte para señalarlo:

Pintada callejeraE inevitablemente muestra también sus efectos en pintadas callejeras, como la que vemos en esta imagen.

¿Qué tiene que ver el machismo con el comunismo? ¿No hay comunistas en procesos de violencia machista? ¿Son todos los anticomunistas partidarios de matar a las mujeres?…

Hay motivos que pueden explicar algunos vínculos. Los conservadores pueden ser negacionistas del cambio climático por temer un recorte en la libertad de explotación de los recursos o de su consumo, mientras que las posiciones de izquierdas, por su tradicional desconfianza del capital, pueden ser más proclives a creer en conspiraciones industriales que solo velan por sus intereses. Algo de esto subyace también en la batalla irracional contra los transgénicos y, en general, sobre todo lo que atañe a la contaminación ambiental y los recursos.

Otras veces la asociación de ideas por arrastre ideológico es más difícil de entender. ¿Por qué quienes sostienen menos intervencionismo estatal hacen la vista gorda cuando se trata de subvencionar al clero? ¿Cómo entender el escaso sentido patriótico de esa izquierda que aspira al poder del mismo Estado que les permite llegar a él?… Nuestra historia tiene mucho que ver en estas asociaciones opináticas, pero, por encima de todo, el motivo de renunciar a pensar por uno mismo tiene que ver con el papel de las creencias en su condición de mapa del mundo: certezas a priori que nos permiten tener ideas sobre lo bueno o malo de las cosas sin perder mucho tiempo en reflexionar antes de tenerlas. Es una utilidad muy primaria, pero que funciona y que tanto ideologías como religiones aprovechan en su beneficio.

Las creencias no son inmutables

Los partidos aspiran a gestionar el poder público y para alcanzarlo deben atender a los intereses de colectivos y votantes organizados. El político de hoy es como ese corredor de Fórmula 1 lleno de pegatinas, aunque en su caso las pegatinas no las veamos, pues se mantienen deliberadamente en la sombra.

Los políticos deberían ir como los pilotos de carreras para que podamos conocer a sus patrocinadores

Los políticos deberían ir como los pilotos de carreras para que podamos conocer a sus patrocinadores

Votantes y lobbies son grupos de influencia para las ideologías y determinan hacia donde se decantan las acciones de los políticos fuera del terreno estrictamente económico. Contrariamente a lo que se piensa, legislar sobre estos grupos de presión no es lo que hace que haya lobbies, sino lo que permite reconocer quiénes son, al menos formalmente, los que buscan obtener ventajas de los poderes públicos sin pasar por la criba de los votos.

Estos colectivos pretenden intercambiar objetivos por apoyos puntuales, sin que la ideología juegue necesariamente ningún papel, salvo por asociación remota. Hemos visto hace poco algunos ejemplos de ello.

Laboristas2015En las pasadas elecciones del Reino Unido el Partido Laborista organizó charlas para audiencias de mujeres y de hombres musulmanes por separado. La llamada “izquierda” no tuvo entonces conflicto ideológico alguno a la hora de aliarse con actitudes sexistas o supersticiosas. Lo debía valer la promesa de un buen puñado de votos, aunque el asunto se disfrazara de tolerancia. Llevar la tolerancia hacia los eternos enemigos de la sociedad abierta tiene un grave peligro, que ya señaló Karl Popper en su día.

papa1Tampoco tuvieron problemas los marxistas bolivianos en escenificar su alianza con el clero católico en la reciente visita del Papa a Evo Morales, comunión de intereses contra la libertad económica y de creencias disfrazada de pobrismo, que nos dejó la crucihoz como recuerdo.

Y mucho antes de esto, ya habíamos oído al presidente de Venezuela referirse a su antecesor en el cargo como el pajarito chiquito  que le enviaba sus apoyos desde el más allá.

La tradición laicista de la izquierda parece estar hoy de capa caída y es un buen ejemplo de cómo pueden cambiar las cosas. No sería raro que de aquí a unos años fuera el liberalismo político en España, y no la socialdemocracia, quien termine de cerrarle las puertas a los lobbies religiosos, sean más o menos mayoritarios.

Se ha hablado en estos casos del sincretismo religioso local para explicarlo, pero no se puede negar que la crisis de las ideologías está en el fondo de todos estos brotes de marxismo-populismo. Fukuyama no estaba equivocado; solo que no previó el penúltimo canto del cisne capaz de transmutarse en lagarterana para salir a flote.

Las creencias que adoptamos por derivación de vínculos ideológicos o religiosos son seguramente útiles para orientarse en una primera instancia, pero por su propia génesis, entre lo racional y lo no tanto, están condenadas a causarnos más mal que bien. En Las trampas de la mente veremos por qué.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s