Las mentiras del pobrismo

MorgReducidoAlgún día se contará cómo un grupo de chavistas transplantados consiguieron 42 diputados de 350 en un país europeo. De momento y mientras algunos no salen todavía de su asombro, otros nos limitamos a dar fe del éxito de la propaganda sobre los votantes desencantados, que en cierto modo sólo han reaccionado a lo que se les contaba a todas horas en los medios, con escasas y menos impactantes aún contrarréplicas.

Si las redes sociales son un reflejo de lo que ocurre en el mundo real, entonces en el mundo real más de uno cree que en España: un tercio de la población es pobre, la mitad se mueren de frío debido a la pobreza energética, la desigualdad ha crecido como en ningún otro país del mundo y si no fuera por Cáritas, andaríamos a tiros por las calles. Todo esto está escrito, no me lo invento. Nada raro entonces que el mismo ejército de alarmistas, ahora con varios diputados en Cortes, ande por ahí, como Mesías suelto en Navidad, hablando de la necesidad de una Ley de Emergencia Social. Una ley que haga al fin justicia con los de más abajo, que según parece no pueden ganar mucho no porque estén desempleados o su formación resulte inadecuada a la demanda del mercado laboral, sino porque ya se encargan los de arriba de llevárselo todo. Así de simple es la cosa ¿o qué pensaban?…

He aquí la paradoja de los antisistema profesionales y es que cuantos más pobres haya (ciertos o imaginados) mejor les va a ellos, pues aunque propagan “la Verdad” de querer acabar con los pobres, por obra y gracia de su empatía y buenas intenciones, la cruda realidad es que hasta la fecha su acción de gobierno lo único que sirve es para crear más. Y esto es algo que dicen los datos ahí donde las democracias, cuando no las revoluciones, han acabado sentándolos en el poder: Venezuela, Cuba, o los países del Este sin ir más lejos, todos ellos grandes y buenos contribuyentes a la dosis de pobreza mundial, frente a las sociedades más libres y abiertas, a las que curiosamente suelen desear ir los emigrantes económicos creados por ellos (nunca al revés).

Con la agitación y el apoyo mediático se puede llegar muy lejos y conseguir unos cuantos diputados, pero las leyes además piden pruebas, aunque sólo sea para justificar su existencia en el preámbulo, y me pregunto cómo van a cuadrar algunos datos reales con esa situación de emergencia en la que el populismo resucitado dice que estamos.

Lo primero: estar en riesgo de pobreza no es lo mismo que serlo pero es que además, leyendo el complementario de todas las cifras, resulta que en España el 78% está por encima del umbral de riesgo de pobreza (*) (un 83% en la UE). El número de personas atendidas en centros de personas sin hogar se sitúa entre 20 y 30.000, de los que la mitad aproximadamente son extranjeros (en la población total, sólo uno de cada diez lo son). Si el paradigma de pobre es el que atienden estos centros (esa suele ser la foto que encabeza titulares sobre “riesgo de pobreza”), hay que decir entonces que el 99,95% de la población no está representada en esa foto. Y ya puestos, dígase también quién es aquí el verdadero caritativo, ya que el 80% de los centros que atienden a estas personas son financiados total o parcialmente por las Administraciones Públicas.

Es tan extraña la emergencia social en España que el 93% de la población tampoco está en situación de privación material, entendida esta como carencia de al menos tres ítems de una lista de nueve (**), cifra doce puntos superior -sí, superior- a la media de la Unión Europea, que es el 81% de la población. ¿Entenderán el resto de europeos nuestra socio-emergencia?

En cuanto al frío mortal, en la última Encuesta sobre el tema, el 89% manifestaron tener su vivienda con una temperatura adecuada. No se mueran del frío, no; háganlo si quieren del susto que a veces provoca el realismo en mentes sectarias.

Por su parte, el indicador principal de desigualdad de España (Índice de Gini) es similar al de Nueva Zelanda e inferior (menos desigualdad) al de: Estonia, Portugal, Grecia, Reino Unido, Israel, Estados Unidos, Turquía y México, por mencionar solo a los de la OCDE.

El supuesto tercio de españoles pobres (29,2%, en realidad) sale de una tasa particular, conocida como tasa Arope, que además de ingresos monetarios y carencias materiales de esa lista de nueve, pondera el factor trabajo, lo que se llama “intensidad laboral dentro del hogar”, algo que, claro está, penaliza a los países con alto desempleo. El paro en España explica además buena parte de la desigualdad creciente ya que las rentas bajas lo son porque tienen prestaciones, subsidios o rentas de inserción, no (o no sólo) porque tengan salarios bajos, que es justo lo que nos dice el dato de desempleo según tramos de la distribución de ingresos (concepto que incluye cualquier tipo de ingreso, sea o no salarial).

Fuente: INE, Encuesta de Condiciones de Vida, Personas por decil de renta por unidad de consumo y relación con la actividad
Fuente: INE, Encuesta de Condiciones de Vida, Personas paradas por decil de renta por unidad de consumo y relación con la actividad

En España la protección social ya existe, no hay que inventarla, pero una Ley de Emergencia Social para aumentar o extender el subsidio, por las buenas intenciones o porque sí, hasta lo insostenible, impuestos mediante, debe en primer lugar tener sentido más allá de la subjetividad de cada cual. Entre otras cosas porque esa misma ley de inspiración tan social puede ser un obstáculo en el camino de la creación de empleo, que es lo que sí ha demostrado ser útil para aumentar la riqueza y reducir la pobreza, si es que realmente queremos reducirla y no aumentarla para al final seguir viviendo, tan ricamente, a costa de ella, como algunos profesionales del discurso pobrista (laicos o no) parecen hacer.

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(*) El umbral de pobreza depende de la distribución de los ingresos por unidad de consumo de las personas. Se fija este umbral en el 60% de la mediana de los ingresos por unidad de consumo. La mediana es el valor que, ordenando a todos los individuos de menor a mayor ingreso, deja una mitad de los mismos por debajo de dicho valor y a la otra mitad por encima.
(**) Condiciones que se tienen en cuenta para medir la privación material (cumplir al menos tres de estas nueve): i) no tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos; ii) no puede permitirse ir de vacaciones al menos una semana al año; iii) tiene retrasos en el pago de gastos relacionados con la vivienda principal en los últimos 12 meses; iv) no puede permitirse una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días; v) no puede permitirse mantener la vivienda con una temperatura adecuada; vi) no puede permitirse disponer de lavadora; vii) no puede permitirse disponer de TV; viii) no puede permitirse disponer de teléfono; o, ix) no puede permitirse disponer de un automóvil.
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