Menos creyentes y poco practicantes

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Diversos mecanismos protegen en España las creencias religiosas mayoritarias frente a otro tipo de creencias: leyes anti blasfemia, derecho a la formación religiosa en escuelas, cobertura gratuita en medios de radiodifusión públicos… Además de las exenciones fiscales y del conocido como impuesto religioso, que, en realidad, no lo es ya que se resta de la declaración final del IRPF y no se añade (Educación, Cáritas y restauraciones patrimoniales aparte). Pese a ello, no se puede negar que la religiosidad en la sociedad española está en retroceso.

Evolución creencias

A comienzos de 2015, un 69,3% se declaraban católicos  pero a la pregunta sobre la frecuencia de asistencia a oficios religiosos realizada sólo a los creyentes (católicos o no), un 60,8% de ellos dicen que no asisten casi nunca. Curiosamente, ateos y no creyentes no disfrutan de los mismos beneficios, ni fiscales ni de otro orden, pero han ido en aumento los últimos años y lo han hecho por sus propios medios, situándose ya en torno al 26,3%.

Seguramente las creencias religiosas hoy mayoritarias gracias a las ayudas y subvenciones que costea toda la sociedad, creyentes y no creyentes, podrían sobrevivir igualmente sin ellas, pero entre tanto las tengan a costa no sólo de sus fieles sino también del resto de la sociedad, seguirá habiendo fricciones y cada vez con más razón.

En tiempos de rigor presupuestario es difícil sostener el argumento de la austeridad en el gasto público improductivo, al tiempo que se privilegia con todo tipo de ventajas una creencia religiosa por encima de otras (incluyendo la de no tener ninguna). Otra cosa es si puede ayudar a reducir tanto privilegio quien asalta capillas por la fuerza convirtiendo en víctima a los que en verdad, a la luz de los datos, distan mucho de serlo. Yo, desde luego, tengo mis dudas.

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2 comentarios en “Menos creyentes y poco practicantes

  1. Oportuno post, D. Gatodonte. Si le parece, quisiera añadir unas cuantas reflexiones que apoyan o matizan algunas de las afirmaciones vertidas en él. La primera es que la regresión en la religiosidad debería ser una buena noticia para los seres predominantemente racionales y, por tanto, no creyentes que, como sectarios que somos los humanos, consideramos que la realidad finalmente nos va dando la razón. Sin embargo, preocupa que dicha pérdida no provenga de firmes convicciones racionalistas si no de que la sociedad entera se esté volviendo menos trascendente, menos intelectual incluso. Ni interesa Dios ni Aristóteles ni Calderón de la Barca, da igual. Son seres igual de lejanos…

    Supongo que la religión católica es la que responde a la muestra que sustenta la encuesta publicada (las otras intuyo que crecen en valor absoluto). En relación con esa religión mayoritaria y a pesar de ser agnóstico, me preocupa que el progresivo abandono del culto conlleve una pérdida de identidad como pueblo. Al fin y al cabo, somos el fruto de siglos de práctica religiosa y la ausencia momentánea de la misma no quita que los ritos reconvertidos del paganismo tengan su aquél.

    Por último, echo de menos en los “asalta capillas” la misma valentía para entrar abruptamente en mezquitas, sinagogas o, incluso, salones del reino, templos que representan comunidades que rebajan a la mujer a la altura de un animal doméstico, que niegan los más elementales derechos humanos a sus miembros (y no miembros) o que ponen por delante ridículas tradiciones a la vida humana. La religión católica, como los festejos taurinos, no hay que combatirla, ya camina sola a la obsolescencia.

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    1. Coincido plenamente, amigo Baler. El primer gráfico responde a toda la población, el segundo sólo a los creyentes, pero de cualquier religión, católicos o no (69,3% católicos y 1,9% de alguna otra).
      En España el laicismo está escorado a la izquierda por efecto apropiación y dejadez del ateísmo liberal (en otros países se nota mayor dispersión), y cuando algo no es fruto de la racionalidad sino de la inercia del rebaño, las contradicciones tarde o temprano salen a la luz. Por eso, los mismos que echan pestes contra el clero católico y asaltan capillas luego organizan fiestas con cuencos tibetanos y monjas budistas, o felicitan el Ramadán cuando toca a quienes se arriesgan a sufrir lipotimias y deshidratarse por efecto de creencias religiosas, tanto o más irracionales que aquellas que critican.
      Sin embargo, el ateísmo liberal y la no adscripción también existen y tienen más sentido hoy que nunca. Sólo hay que mirar la foto de los países donde la influencia de la religión es mayor para entenderlo. No se combate una religión totalitaria con otra; para eso ya tenemos la filosofía moral y las recetas del buen vivir y convivir, que son bastante más económicas y no necesitan crear dioses ni rentabilizar nuestros miedos.
      Un cordial saludo y gracias por el comentario,

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