Perder la razón, teniendo razón

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A propósito de la censura y las ocurrencias que vemos últimamente en nombre de la no discriminación y el respeto a grupos minoritarios

Salvo en matemáticas, ciencias experimentales y quizá en los juzgados, la verdad suele verse afectada de interpretaciones. Sucede tal cosa en muchos ámbitos de la vida diaria, más donde la política y sus esferas de influencia asoman la pata. También en ciencias “blandas”. Son estos espacios en los que mayor riesgo hay de adoptar caminos y medidas equivocadas, y ello bajo la apariencia y el convencimiento mayoritario de que se tiene toda la razón en lo que se hace y dice. Es así como a veces, pretendiendo alcanzar una sociedad más justa e igualitaria, se abre la puerta a lo que son simple y llanamente disparates.

Censura

Algunos campus universitarios están optando por la corrección política para evitar los conflictos pero tanta corrección ha llevado directamente a censurar conferenciantes. Tal está ocurriendo en los campus universitarios españoles y no españoles. Casos muy llamativos han sido aquí los de algunos políticos y últimamente el del profesor israelí Haim Eshach en la Universidad Autónoma de Madrid. En Estados Unidos y Reino Unido la censura es casi segura para autores y críticos con el islam, como Miryam Namazie y la activista somalí Ayaan Hirsi Ali. Dicen que para evitar herir susceptibilidades dentro de la comunidad musulmana.

De este modo, lo que empezó aceptándose con políticos (Rosa Díez, Condoleezza Rice o Christine Lagarde lo sufrieron en primera persona), ya está aquí para cualquiera que sea sospechoso de crear un cierto malestar en las delicadas cabezas de nuestros universitarios o de comunidades minoritarias pero bien organizadas. Además, como el activismo militante y ruidoso tiene sesgo político la censura tiende a caer siempre del mismo lado, con el riesgo añadido de que al evitar la crítica de cara a los más indiferentes piense el intolerante que se le da así la razón.

Ocurrencias

La censura con los contrarios contrasta poderosamente con el aperturismo de mente que se muestra hacia las ocurrencias de los propios.

traffic-lights-1053718_640Lo hemos observado estos días con la polémica de los semáforos en Valencia, que antes eran neutros y ahora no. Al parecer, el asunto es tendencia en numerosas ciudades, no sólo aquí, pero lo que pudiera tener sentido en lugares con semáforos de género marcado, como el de la imagen, no lo tiene que tener en general, creando un problema donde antes no lo había. ¿Qué ocurrirá con todas las demás señales en las que aparezcan personas neutras o aquellas otras donde salen animales que privilegian al macho frente a la hembra?

Señales

Se puede borrar hasta el último vestigio de simbología discriminatoria y sexista pero es ocioso (y costoso) luchar contra molinos de viento que sólo son gigantes en la cabeza propia.

Otro de los asuntos que más se presta al abuso de una parte y la confusión de otra es el sexismo en el lenguaje. Una cosa es doblar el género ya marcado en palabras vinculadas a profesiones o recomendar el uso de términos neutros en el lenguaje escrito de uso oficial y otra sacarse de la manga un nuevo término a diario, como el reciente mujeraje.

Multiplicar por dos cada palabra de género neutro acabará creando una neolengua donde concejala, adolescenta, artisto y ciclisto serán bienvenidas y bienvenidos pero sólo para complicarnos innecesariamente la comunicación.

Un último ejemplo que me temo sea un punto seguido y no final en esta lista de ocurrencias postmodernísimas ha salido a la luz estos días con motivo de la publicación de una investigación que trata de llenar cierto hueco en la glaciología que tiene que ver con la perspectiva de las mujeres sobre el particular. Si alguien la echaba en falta, tranquilos que ya está entre nosotros la “glaciología feminista” y, al parecer, ha llegado para quedarse. Sospechoso de ser otro caso Sokal por lo disparatado de sus supuestos, el artículo ha resultado ser finalmente bienintencionado.

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Dicen los autores que los investigadores han mostrado hasta ahora poco interés en la visión de las mujeres de los glaciares con los que éstas conviven en algunas zonas del planeta. “El hielo no es sólo hielo”, dicen. Y más: “las mujeres a menudo poseen diferentes conocimientos sobre los glaciares (…) expresando el suministro de agua en el río Ganges a través de marcos espirituales que contradicen los modelos hidrológicos”.

El historiador de la ciencia promotor del informe se ha reafirmado en la utilidad de estos estudios en una reciente entrevista. Allá él. A mí me parece que si vamos a duplicar el conocimiento científico para englobar la perspectiva femenina dejada atrás en cada cosa, a lo mejor en algún momento habrá que llenar también el hueco de la perspectiva del “género no binario”, que con toda la razón del mundo reclamará también su espacio y no sólo en lo semáforos. Si hay que multiplicar todo por dos, haga o no falta, en aras de la no discriminación, ¿por qué no por cinco?

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