Filosofía contra el pensamiento único (II)

Fernando R. Genovés ha publicado su último libro: La riqueza de la libertad (2016)

Conversamos con el autor sobre éste y otros asuntos


Parte I: El liberalismo, el anti-occidentalismo y el papel de la Filosofía

Parte II: Terrorismo, multiculturalismo, riqueza y desigualdad

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Otro frente que acosa al mundo libre, no siempre viniendo del exterior, es el terrorismo islamista. El 11-S marcó un antes y un después en la historia contemporánea, asunto al que dedicó un artículo en la revista El Catoblepas, cada mes de septiembre, durante los primeros diez años que siguieron a los atentados, a fin de compartir reflexiones y sentimientos con sus lectores. Por curiosidad, ¿dónde se encontraba el día en cuestión? ¿Cómo se enteró de la noticia?

Me encontraba en casa, en tiempo de sobremesa, cuando recibí una llamada telefónica de un amigo para comentar el suceso. Así me enteré de lo que he denominado “El día de la vesania”. Puede imaginarse el horror y la estupefacción que sentí al escuchar la terrible noticia. Nada más terminar la conversación con mi comunicante e involuntario informante, conecté con  varias cadenas de televisión norteamericanas y estuve como en estado de shock frente al televisor durante horas contemplando las escasas imágenes que transmitían y repetían, una y otra vez, de la tragedia. No soy aficionado a hacer profecías, pero enseguida comprendí con innegable desazón lo que se avecinaba: desde ese momento, ya no podríamos vivir en paz.

Consecuencia de la libertad es la riqueza y también el fenómeno migratorio, cada vez más frecuente, pero el choque cultural no está siendo igual de fácil con todas las minorías.

Hoy mismo veo en el periódico que el Ayuntamiento de Madrid planea revisar las normas municipales para facilitar enterramientos conforme a la cultura coránica, según la cual el cuerpo debe estar en contacto directo con la tierra, algo que prohíben actualmente nuestras leyes. En otros países el problema ha sido el uso de carne cerdo en comedores escolares o la forma de sacrificar animales en mataderos. Hay barrios en ciudades europeas que son guetos, con sus propias autoridades religiosas más o menos en la sombra. Desde hace unos años, la socialdemocracia española felicita a los musulmanes el comienzo del Ramadán y se preocupa por tener mujeres con hiyab en sus congresos en primera fila… Seguro que hay más ejemplos. Posiblemente piensen que esta adaptación de nuestras normas y costumbres a las de fuera facilitará la integración y nos evitará problemas, pero hay quien cree lo contrario y observa tales señales en clave de sumisión ¿Usted qué opina, facilitará esto la integración de la suya o la desintegración de la nuestra?

burka-117519_640El multiculturalismo es un producto ideológico, el cual junto al relativismo y otras doctrinas deconstruccionistas, pretende socavar las bases de la civilización occidental. Otra cosa es la multiculturalidad, fenómeno social que sin ser novedoso, ha cobrado una dimensión fenomenal  en la era de la globalización. Los problemas de seguridad y de convivencia que conllevan la mezcla de culturas muy diferentes entre sí no surgen tanto por la defensa de los propios valores y creencias que puedan exhibir las poblaciones que llegan de fuera cuanto por la fortaleza o la debilidad de las convicciones y del patriotismo que demuestran las comunidades receptoras (no diré “de acogida”).

Un ejemplo de lo que señalo queda de manifiesto en las diferencias existentes entre el “modelo” americano y el europeo de integración social y de coexistencia de distintas culturas en un mismo  espacio. En Estados Unidos, es el emigrante quien debe ajustarse al “american way of life” (sin que por ello deba renunciar a sus hábitos y usanzas de origen, pero siempre respetando la letra de las leyes establecidas y, por encima de todo, el espíritu de la Constitución). Mientras que en Europa sucede al contrario: son los residentes europeos los que han de amoldarse a los usos y las costumbres de las poblaciones que cruzan la frontera.

Aunque me temo que también en este punto, América está adoptando cada día más las tendencias europeas… El analista norteamericano Robert Kagan en su ensayo “Of Paradise and Power” ilustró la imagen de América con el dios Marte y Europa con la diosa Venus. Diríase que hoy la dulce Venus ha acabado seduciendo y cautivando al poderoso Marte.

Volvamos al libro. La idea que desarrolla en él es: Libertad para ser rico y ser rico para ser libre. Tengo la impresión de que esto no va a caer simpático a los críticos de la desigualdad, tan de moda últimamente. ¿Es esto parte de su batalla ideológica? 

Con franqueza, no entendía mi trabajo intelectual como una “batalla ideológica”, pero ahora que usted lo dice, y tras lo afirmado por mí en la anterior cuestión, puede que sea así. En tal caso, la contienda está perdida de antemano: la pasión no retrocede ni se da por vencida cuando se carea (o encara) con la racionalidad. El propósito principal de La riqueza de la libertad consiste en mostrar que ser rico y libre no tiene nada de malo, sino todo lo contrario. Y además, que ambas categorías son inseparables.

Como ha sido apuntado anteriormente, el odio al rico/pobre y el miedo a la libertad son sugestiones de largo pasado. Ocurre que a la vista de la embestida anticapitalista desatada, a tumba abierta, en los últimos tiempos, se hace muy necesario, primero, denunciarla y mostrar su verdadero rostro macabro, y a continuación, contrarrestarla desde la serenidad intelectual y la racionalidad con una defensa de las bondades y las bonanzas inherentes al capitalismo. Aunque tampoco hay que hacerse muchas ilusiones al respecto. La gente, ordinariamente, atiende antes al que le lisonjea y le promete la utopía que a quien le mueve la silla sobre la que descansan sus creencias cómodamente asentadas y le dice las verdades del barquero.

Cuestión de repartir mejor, no de crear riqueza, dicen quienes prefieren libros como El Capital, ya sea el clásico o el actual, …en el siglo XXI, de Piketty, al que ya le han salido críticos. La riqueza suscita envidia y algunos deben pensar que muerto el perro, se acabó la rabia. ¿Es inmoral ser muy rico en tiempos de crisis?

Dígame, se lo ruego, cuántas novelas o películas conoce que ensalcen la figura del rico, del empresario, del emprendedor. Y repare ahora en qué “tipo ideal” (Max Weber) de conducta se preconiza más por todos los medios: la estética del perdedor o la ética del triunfador. A su pregunta le respondo, entonces, sin reservas y sin más rodeos: entramos en tiempo de crisis en el momento en que se considera inmoral al rico y, sobre todo, al muy rico.

Inmorales son, en verdad, la pobreza, el cinismo y la crueldad de quienes ven colmada (que no calmada) su conciencia justiciera y sus delirios igualitarios condenando a millones de personas a una vida depauperada y servil, a la miseria y al horror. El comunismo, en sus distintas variantes y versiones, sacrifica a los individuos ofreciéndolos en ofrenda a sus ídolos: la socialización del sufrimiento y la igualación por lo bajo.

Anteponer la igualdad a la libertad suele acabar empobreciendo la sociedad y la historia está llena de ejemplos. El mérito debe tener recompensa, de lo contrario deja de haber incentivos, innovación y, por lo tanto, riqueza. En realidad, creo que la mayoría de la gente en países desarrollados puede compartir esta idea. El problema quizá venga de la concentración excesiva y del premio inmerecido. Si la riqueza es la justa consecuencia del talento, ¿no es esta consecuencia de la riqueza a la vez un poco injusta, más cuando es tan excesiva?

No hay que tener miedo a la libertad. Tampoco a la riqueza. Resulta pacata la actitud según la cual la libertad es buena, pero no mucha, “sin pasarse”, por si acaso; recuerde la célebre y vetusta sentencia que proclamaba “libertad sí, pero no libertinaje”. Pues bien, no menos medroso sería entender lo siguiente: “riqueza, vale, pero no en exceso”. ¿Qué significa “riqueza excesiva”? Semejantes disposiciones del ánimo, además de revelar un latente sentimiento de culpa, no dejan de ser variaciones del postulado comunista de la “redistribución de la riqueza”; en realidad, una justificación ideológica del robo y el expolio.

Lo esencial es convencerse de la radical importancia de respetar la propiedad privada y la libertad personal; por ejemplo, aceptar que cada cual pueda hacer con su dinero lo que desee y le venga en gana. Ciertamente, hay millonarios excéntricos y derrochadores; peor son los Estados superdotados y manirrotos. Pero, también existen ricos discretos y austeros, y otros incluso dedicados al patrocinio y al mecenazgo. En un capítulo de La riqueza de la libertad hago una semblanza de Andrew Carnegie, multimillonario norteamericano que, tras crear una fortuna, decidió consagrarse a la filantropía. En su librito Riqueza sentencia lo siguiente: «Es mejor esta gran desproporción [la desigualdad] que la miseria universal. No puede haber mecenas si no hay riqueza».

Buen final para terminar aquí la entrevista. Espero que los futuros lectores disfruten la riqueza de este libro como otros hemos podido hacer ya. Muchas gracias por el tiempo dedicado y por darnos tantas buenas lecturas para pensar.

Muy amable por su parte el haberme invitado a participar en su blog. Ha sido un placer mantener esta conversación. También usted, por medio de sus interesantes e inteligentes preguntas, me ha hecho pensar y repensar sobre mis propias cogitaciones.


 

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