Desigualdad, población y estadísticas

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El revuelo

La desigualdad es hoy una palabra fea y la desigualdad económica más todavía. Para el pensamiento único de nuestros días es algo que, simplemente,  “no debería existir”.

Inspirados en la égalité de la Revolución Francesa y con el best seller del economista Piketty como referencia, a los modernos igualitaristas las críticas a su obra les interesan más bien poco. Pero el caso es que las hay, son abundantes y se pueden leer en distintos sitios (como ésta y ésta); también aquí una buena reseña de su libro. Entre las cosas que se le olvidó decir al economista de moda está el no haber tenido en cuenta la diferente valoración de la propiedad en el incremento desproporcionado de la riqueza que denuncia y señala. Es una lástima que el autor, además de por la desigualdad, no se haya preocupado también por la calidad total de la información que nos contaba, más teniendo en cuenta el revuelo montado.

El universo web está lleno ya de vídeos sobre la desigualdad que reciben millones de visitas, con el entreguismo a la causa de ONGs, Naciones Unidas y pobristas de toda índole. Oxfam ha sido acusada varias veces de aportar datos sin respaldo en sus afirmaciones, aunque no parece que eso afecte mucho a sus propagandistas. “Ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres”, frase hecha y argumento que ni siquiera pide pruebas pero gana adeptos cada día que pasa. La profusión informativa en torno al tema acompaña usualmente la reclamación indignada de más ayudas, rentas básicas e ingresos vitales por parte de estos u otros colectivos.

Las cifras sobre la desigualdad también son muy rentables, electoralmente hablando. El que se muestra poco comprometido con reducirla a costa de pagar más impuestos, quedará casi seguro como un egoísta desalmado, o peor, como un “rico”. Si usted no quiere garantizar el Estado de bienestar universal (y de paso, el bienestar del Estado particular) por algo será…

Sin embargo, la desigualdad puede variar por diversas circunstancias y no debería ser sinónimo necesariamente de discriminación o injusticias, menos todavía se debería asumir tal cosa si ni siquiera se sabe cuánta hay y qué la provoca. En Holanda, un 77% de las mujeres trabajan a tiempo parcial frente a sólo un 28% de los hombres. Seguro que esto tiene efecto en la brecha salarial (otra desigualdad) pero es una decisión personal con la que todos están contentos y parece que no les va mal. En todas las desigualdades que encontramos interviene la naturaleza y la libertad de las personas, lo que convierte a menudo la lucha contra ella en un problema ideológico mucho más injusto y absurdo de lo que pudiera parecer.

Normalmente se habla de los ingresos y muy poco de las características de la población que tan desigualmente se los reparte. Es aquí justo donde conviene detenerse a mirar con detalle algunos datos, ya que la dinámica de la población en cada tramo de renta también nos dice mucho sobre lo que está afectando a esa desigualdad.

En la siguiente entrada analizaremos el caso español y veremos con algo más de detalle lo que encierran nuestras cifras de desigualdad.

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