El terrorismo y la falacia del buen salvaje

No excusas

Según parece hay una película española sobre el terrorismo de ETA que da a entender que el propio Estado español podía tener intereses ocultos en que aquel no se acabara nunca. Con motivo del último atentado en Francia (Niza, 2016) surgen hoy voces que tratan de exculpar también al asesino, o a quienes inspiran las ideologías por las cuales estos asesinan, y lo hacen de las formas más pintorescas que quepa imaginar. Desde el tópico de la guerra de Irak hasta decir que era un loco aislado y que lo suyo apenas guarda relación con el islam. En línea con ese síndrome de Estocolmo que padece el progresismo condescendiente y omnicomprensivo de nuestros días hasta hay quien dice que quizá el conductor estaba herido por un disparo previo de la policía y por eso no pudo controlar bien el camión…

Tertulianos habituales de los medios de comunicación pueden soltar aberraciones tal que así, incluso en medios que pagamos nosotros, sin que usted ni yo podamos hacer nada para evitarlo, salvo desconectarnos de la moderna telebasura y pasarnos a ver directamente la clásica, que al final va a resultar la menos telebasura de todas.

El acto criminal es tan difícil de cargar sobre la conciencia de los autores, o de quienes sostienen las ideas por las que otros cometen sus crímenes, que moralmente se ven obligados a exculparlos y así, echando las culpas a otros o a las circunstancias, poder dejar la responsabilidad del sujeto en el congelador, como si fuera un niño balbuceante o el miembro de alguna otra especie animal quien cometió esos actos. Pero resulta que no. Son seres humanos adultos y responsables los que están cometiendo todo tipo de atrocidades alrededor del globo, con una predominancia nada casual en países de mayorías musulmanas. Están estos viviendo guerras religiosas más propias de la Edad Media y no en vano, según su calendario, se puede decir que aún viven en ella. Eso sí, mientras las superan, también están plenamente decididos a hacernos partícipes de ellas, extendiendo los mandatos del profeta a donde les lleven sus posibilidades.

Junto al miedo a reconocer el abismo moral de esas ideas pervive aún en ese progresismo omnicomprensivo la falacia del buen salvaje. Todo el mundo es innatamente bueno, por lo tanto ha de ser necesariamente la sociedad quien lo corrompe. Así se expresó, por ejemplo, el anterior presidente del Gobierno español al hablar de su papel mediador (o enredador) con el último responsable del caos venezolano y también comparte esta visión roussoniana la actual alcaldesa de Madrid. Dice el refrán que un tonto siempre encuentra a otro que es más tonto que él y que le admira y nada puede haber más cumplidor con esto que el encuentro tipo Cuando Harry encontró a Sally que se da hoy entre el moderno yihadismo y el progresismo de la izquierda occidental.

Para bien o para mal no somos esa tabla rasa en la que el ambiente puede hacer de nosotros cualquier cosa. Lo que somos y hacemos depende de una mezcla azarosa de naturaleza y ambiente en la que nosotros somos jugadores activos. Entre esos factores ambientales están seguro los mapas mentales que ideologías y religiones se encargan de inculcarnos, marcando las pautas y los objetivos de lo que son nuestros valores, y cuando las ideas vienen de la mano de alguna autoridad sagrada eso puede significar cero reflexión para algunas personas, quedando abierto el cauce para la expresión de la violencia y el terror. Si son de los que todavía creen en la falacia del buen salvaje, supérenlo, háganse ese favor. El libro de Steven Pinker La tabla rasa quizá les ayude.

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2 comentarios en “El terrorismo y la falacia del buen salvaje

  1. Muy bien traído el post. Efectivamente, a la amenaza terrorista se le combate, en primer lugar y como preludio de toda acción posterior, desde la moral. Aun a riesgo de cometer alguna falta de rigor, e incluso alguna injusticia, debemos prohibirnos a nosotros mismos ese lenguaje merced al cual el Primer Mundo tiene la culpa de todo lo que ha pasado y pasa de desagradable en le Humanidad.

    El otro día, coincidí con una alcaldesa de un pueblo pequeño (IU) que me confesó que no sería feliz hasta que acabara el hambre en el mundo, provocada en gran medida por los intereses económicos occidentales. Eso recuerda bastante los votos de órdenes religiosas como las Carmelitas Descalzas, que no tendrán agua corriente ni calefacción hasta que el resto de los habitantes de la Tierra la tengan. Son las ganas de sufrir, que se dan tanto en el ámbito religioso como el laico.

    Así no vamos a ninguna parte.

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    • Desde luego, vaya dos… Les recomendaría a ambas la web de http://humanprogress.org/
      que está llena de datos sobre lo ‘mal’ que está ahora el mundo comparado con lo ‘bien’ que estaba antes… y que lean un poco de historia fuera de la corriente de tópicos melodramáticos de la izquierda no ilustrada en los que parecen moverse. Nunca ha habido mortalidad tan baja ni ha sido tan alta la esperanza de vida, ni tan reducido el hambre y la pobreza, y no sólo para esta parte del mundo. Culpan a Occidente de todo sin reconocer que gracias a este capitalismo ‘malvado’ pueden llegar hoy esas mismas condiciones de vida a otros sitios y de forma muy más rápida de lo que lo han hecho para nosotros en el pasado.

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