Etnicidad y estadísticas

etnicidadUna peculiaridad de las estadísticas norteamericanas sociales y de población es la ordenación por categorías a la vez étnicas y raciales. El hecho llama más la atención a los usuarios europeos, imbuidos como estamos en la corrección política a tantos niveles.stas clasificaciones vienen de lejos. Desde 1790 las autoridades recogen datos según composición étnica y racial. Durante más de un siglo esa información pudo ser utilizada para mantener posiciones de privilegio, pero hace ya muchas décadas que los datos así obtenidos sirven para objetivos opuestos, señalando las necesidades y particularidades de una población diversa en varios aspectos.

educacion-x-raza-x-etnicidadLa información por variables de este tipo permite evaluar el impacto de determinadas políticas y resulta también de gran utilidad para los colectivos implicados y los usuarios de los datos, tanto públicos como privados. El gráfico de la izquierda es un ejemplo de lo que podemos encontrar en estas fuentes.

Las clasificaciones parten de la auto identificación del encuestado en los cuestionarios y son una práctica estadística habitual en otros países anglosajones. Australia, Reino Unido e incluso Canadá, también tienen información por grupo originario, etnia o raza, adecuados en cada caso a sus respectivas minorías, más o menos representativas.

En la Europa continental, sin embargo, el origen étnico o racial ha dejado paso a la alternativa mucho más preferida de nacionalidad y país de nacimiento, entendiendo que con eso queda recogida cualquier información que pudiera haber vinculada a colectivos y culturas originarias de otras partes del mundo.

La preferencia tiene que ver con el mayor pragmatismo de unos y el complejo histórico de otros, resultado probable del pasado colonial y las persecuciones religiosas en momentos críticos de su historia. El pasado de las naciones también ha marcado el destino, en este caso, de las diferentes estadísticas oficiales.

El senador Bernie Sanders sugería recientemente en una red social que su padre era polaco y que a él nadie le había preguntado dónde había nacido, haciendo gala de la mayor y mejor integración de la población foránea en el país y denunciando al mismo tiempo el discurso xenófobo del candidato republicano.

Pero quizá la razón de que no acostumbren a preguntar tanto por país de nacimiento tenga que ver con una mayor (y no menor) presencia de lo étnico y racial frente a lo nacional en sus clasificaciones.

Un nuevo colectivo reclama su sitio: MENA

La información que unos países evitan recoger por miedo a parecer racistas o por corrección política es algo que los propios colectivos afectados demandan hoy en otros sitios, una vez que lo perciben como algo beneficioso, al permitirles optar más fácilmente a cierto tipo de ayudas, viviendas, empleos o educación superior.

Por esta razón y porque las clasificaciones y normas estadísticas están sujetas a continua mejora y revisión, en el próximo censo 2020, todo parece indicar que Estados Unidos ampliará las opciones de auto clasificación en los cuestionarios censales dando lugar al subgrupo MENA: Middle Eastern and North African descent, actualmente dentro de la categoría White.

En Europa el hecho étnico existe, pero no se cuantifica

Las nacionalizaciones y el libre movimiento dentro de la Unión Europea diluyen particularidades culturales de origen, haciendo imposible una cuantificación realista, más aún si es la propia legislación nacional la que prohíbe expresamente cualquier aproximación al fenómeno, tal y como ocurre en Francia, donde no se pueden incluir preguntas vinculadas a creencias religiosas, supuestamente para favorecer el laicismo, la igualdad y la integración, aunque se trate de la integración de quienes rechazan tales principios.

En Italia hubo intentos de censar población de etnia gitana procedente de países del Este de Europa, con libertad de movimientos desde 2007. Se alegó, razonablemente, que hacía falta tener un conocimiento preciso de su número, ubicación y demás características demográficas, información que actualmente queda oculta por la estadística de nacionalidad, no sirviendo bien al objetivo de mejorar la calidad y publicidad de la información, y dudosamente puede servir para implementar políticas públicas eficaces a escala nacional, caso de presentar una dimensión considerable.

sharia-franciaCiertamente, la realidad multicultural en la que estamos convive mal con la sociedad liberal y democrática que protege a menores y mujeres frente a la discriminación y el abuso, pero no sabe cómo reaccionar cuando estas prácticas se revisten de voluntariedad y singularidad cultural y religiosa.

Los sucesos recientes con burkas y burkinis, la poligamia importada y los matrimonios con menores son ejemplos de asuntos que desbordan hoy a las autoridades. Sin olvidar otros que tienen que ver con la salud pública, como prácticas de sacrificio animal o enterramientos, para los que la legislación vigente no sirve y pone bien de manifiesto la incoherencia de discursos igualitaristas que al mismo tiempo defienden criterios distintos según las particulares creencias de los colectivos; ese ‘algo’ que existe en la realidad social aunque la estadística no pregunte por ello.

Según una reciente encuesta de Pew Research Center la mayoría de europeos considera que los ciudadanos musulmanes no quieren integrarse y confía poco en el enriquecimiento que puede suponer la diversidad, hecho que contrasta con la mayoría de estadounidenses que sí lo cree.

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No parece, pues, que la costumbre europea de ignorar la etnicidad en las estadísticas oficiales haya contribuido mucho a mejorar la integración y la igualdad. Más bien, a la vista de estos resultados y los numerosos conflictos de los últimos meses, se diría que ha sido totalmente al revés.

¿Son importantes estas clasificaciones?

Los indicadores estadísticos son utilizados por los gobiernos para detectar necesidades y evaluar la eficacia de políticas públicas. Como vemos, en Estados Unidos son los propios colectivos los que reclaman datos más completos, al derivarse de ellos una implicación mayor de las autoridades en el estudio de sus particulares reivindicaciones y carencias.

Pero, por otra parte, el factor económico no es lo único que interesa de cara a las diferencias que la estadística encuentra. Muchas veces es la particularidad cultural -y no la economía- la que está detrás de las cifras. Pongamos el caso del abandono escolar temprano según el sexo, los embarazos adolescentes o la tasa de actividad femenina, componentes a su vez de otros indicadores globales que se utilizan a escala internacional para evaluar la desigualdad de género dentro de los países. No por casualidad, países con un PIB per cápita muy alto se encuentran en puestos muy bajos cuando se observan clasificaciones en ese tipo de indicadores.

Es por eso interesante conocer todos los factores que pueden tener relación con los datos y si hay más o menos minorías étnicas dentro de los países que pueden estar influyendo en ellos. Una clasificación que no recoge bien el factor étnico pierde necesariamente información, como pierde fiabilidad la investigación académica que lo deja de lado, intencionadamente o no.

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2 comentarios en “Etnicidad y estadísticas

  1. Estimado D. Gatodonte: quizá al Sr. Sanders nadie le ha preguntado por su procedencia debido a su evidente aspecto caucasiano, que no desentona en absoluto con el patrón racial que algunos entienden allá como superior. No obstante, me ha gustado la dualidad planteada en su artículo porque la siento real, a tenor de que EEUU representa un modelo de vida realmente atractivo e integrador, mientras que Europa carece de una entidad intelectual representativa, aspecto motivado principalmente por nuestro propio provincianismo. Interpreto que, para no caer en la vacuidad, la gente de fuera prefiere seguir anclado a su propio origen, algo que es gestionado con una admirable cintura en el país norteamericano.

    No ha metido en la ecuación ninguna variable relacionada con el laicismo. Como sabe, la espiritualidad multiconfesional es una característica de la cultura estadounidense mientras que nosotros llevamos un par de siglos defendiendo el alejamiento de la religión de la vida oficial. No me extrañaría que muchas de las culturas que habrían de haberse integrado en nuestra sociedad lo habrían hecho mejor si hubieran encontrado un recipiente adecuado para sus creencias. Otra cosa es si eso hubiese sido conveniente o no.

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    1. Ya sé que hay quien cree que una religión se frena o compensa con más religiones. Esto ocurre porque el islam, que no tiene fácil convivencia en sociedades seculares, nos cae de sopetón cuando aún no hemos completado en nuestros países el proceso de sacar las propias religiones de las escuelas públicas y ámbitos civiles.

      En Europa, el famoso laicismo francés es más la excepción que la norma. En los demás, nos hallamos ante el absurdo de tener que incluir clases de Corán en nuestros colegios, con el argumento igualitario de que la religión católica también tiene de las suyas. Como si las creencias particulares de cada cual, basadas en mitos y fantasmagorías, tuvieran que importar al resto de la sociedad al punto de tener que pagarlas. Y así, una religión que no tiene ningún encaje en sociedades liberales, y es de manifiesta intolerancia hacia el que no profesa sus ideas (gays, ateos, mujeres no veladas o, simplemente, libres), está siendo subvencionada como lobby dentro de sociedades con vocación secular. Si hay problemas derivados de la multiculturalidad y el relativismo vienen de ahí, es decir, de no saber ni querer defender los principios esenciales que en algún caso, necesariamente, obligan a decir hasta aquí hemos llegado con la tolerancia al intolerante.

      Estados Unidos empezaron a formarlo colonos que huían de persecuciones religiosas en el Viejo Mundo. Es comprensible que al formar la nación hayan sido muy cuidadosos con ese tema, pero no necesariamente por una mayor religiosidad de los ilustrados que sentaron sus fundamentos https://aeon.co/essays/why-did-the-secular-ambitions-of-the-early-united-states-fail

      Y por otra parte, tampoco se puede decir que el modelo estadounidense en cuanto a religiosidad haya estado libre de fanatismos sectarios, con atentados a la libertad individual incluidos. Todo fanatismo deriva en abuso, también el ideológico, por supuesto, pero el fundamento religioso del factor moral es una importante motivación para la violencia https://aeon.co/essays/people-resort-to-violence-because-their-moral-codes-demand-it

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