Stiglitz y lo simple

Según Joseph E. Stiglitz, el brexit y el resurgir de populismos de derechas en Europa y Estados Unidos son reacciones previsibles a los efectos de la globalización. Comercio internacional y migraciones han supuesto riqueza en naciones pobres pero un enriquecimiento menor y desigual en países ricos. Como resultado, los perdedores de la globalización de las naciones más viejas miran hacia su pasado con nostalgia y traen la xenofobia de vuelta. Esta es más o menos la idea que se desprende de sus recientes declaraciones“Cuando la gente sufre vota cosas que no nos gustan…” –dice el Nobel-. Su visión coincide casualmente con la idea que desde hace algún tiempo nos cuentan analistas y periodistas especializados en temas sociales.

El sufrimiento está también en el meollo de otra teoría todológica que pretende explicarnos las cosas. Para los populistas de izquierda (más a la izquierda de Stiglitz, quiero decir) eso del brexit y la xenofobia es más bien culpa del famoso austericidio. Que los populismos de derechas tengan mayor peso justo en países no intervenidos, con pocos o nulos recortes, no les parece incoherente ya que el deterioro del Estado de bienestar, cierto o no, sirve como equivalente y el mismo resultado puede explicar tanto que te voten más a ti como a los contrarios.

No muy lejos de estos visionarios de dudosa coherencia quedan los conspiracionistas que dicen que la culpa es de los illuminati y el Club Bilderberg. Pretenden éstos acabar con las naciones conocidas para instaurar un nuevo orden mundial. Cuál y con qué mimbres no se sabe a ciencia cierta. El caos, en verdad, no necesita manos negras que lo expliquen, pero que no se diga que aquí no opinamos todos.

Como toda teoría que pretende explicar mucho con poco, también la de los perdedores de la globalización tiene algún que otro cabo suelto. Para empezar, no explica por qué en el sur de Europa el estorbo del populismo, los nacionalismos y otras reacciones antiglobalizadoras, como la que se da contra el tratado de libre comercio, vienen precisamente de la izquierda mucho más que de la derecha.

Y es que los dos fenómenos que acompañan visiblemente a la globalización (comercio internacional y mayor movimiento de personas) gustan de forma desigual a derechas e izquierdas. La derecha tiende a ser favorable al libre comercio pero no ve con tan buenos ojos las migraciones masivas, al revés justo de lo que le pasa a la izquierda. Por tanto, es un error identificar antiglobalización con derechas o izquierdas ya que en ambas se pueden encontrar manifestaciones que llevan a lo mismo. Lo simple, simplemente, no es verdad.

Resultados de la encuesta que elabora GlobeScan para la BBC sobre sentimiento de ciudadanía global en diversos países permiten concluir que, en general, son personas de países y regiones emergentes o en desarrollo las que tienen un mayor sentimiento de ciudadanía global. Mientras que las regiones y países ricos tienden a ser más autónomos e incluso centrífugos. Después de todo, los países no son más que agregados de personas y es así como seguramente nos comportamos los individuos, según sea mayor o menor la sensación de dependencia. Estas diferencias se observan a su vez dentro de la UE, donde no se puede decir que haya un sentimiento de ciudadanía global o no global compartido por igual en cada uno.

bbcglobal
Fuente: GlobalScan

Un error todavía mayor y más peligroso es identificar como xenófobo cualquier movimiento o crítica que se da en los países receptores contra las pretensiones específicas de minorías foráneas intolerantes.

La globalización entendida como intercambios trae prosperidad y enriquece las naciones, pero nada hay en eso que nos obligue a comulgar con ruedas de multiculturalismo.

burka-117519_640En otras palabras, se puede estar muy a favor de la globalización y no por ello hay que ver con buenos ojos guetos en nuestras ciudades con leyes en la sombra que invisibilizan a la mitad de la población y afean la conducta del que no sigue sus normas, si es que no la criminalizan con las consecuencias de todos conocidas, sea en nombre de la religión o de alguna ideología excluyente.

Ignorar este problema de convivencia con el fin de ocultar la realidad, mirando para otro lado, no ayuda a entender por qué gano el brexit, y me parece que tampoco va a ayudar a entender nada de lo que pase de aquí en adelante.

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