“Magic Town” y los sondeos

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Magic Town es una película de 1947 dirigida por William A. Wellman y protagonizada por James Stewart y Jane Wyman que tiene como trasfondo los sondeos de opinión en el por entonces novedoso negocio de las empresas demoscópicas.

Aunque se ubica en la categoría de comedia es como mucho comedia romántica, con alguna moralina tipo ¡Qué bello es vivir! (It’s a Wonderful Life) sobre la que conviene estar prevenido. Si no le gusta Frank Capra, mejor no la vea. Ahora bien, si lo que quiere es seguir riéndose de los fracasos de los pronósticos en las últimas elecciones y plebiscitos a uno y otro lado del charco, entonces no se me ocurre mejor recomendación que ver esta película.

El protagonista, Rip Smith, es un analista de una empresa en crisis que ansía encontrar el milagro estadístico, una ciudad lo más representativa posible donde el coste de encuestar sea mínimo y los resultados encajen a la perfección con la opinión y los gustos de todo el país. Descubre esa ciudad al estudiar uno de sus últimos sondeos: Grandview. La ciudad es calificada de “matemáticamente perfecta” por los expertos, dado que tiene las características más similares al conjunto del país en todo lo que creen que afecta a los resultados: demografía, opiniones políticas, economía…

El guión de Robert Riskin parece estar influido por la biografía de George Gallup, pionero en sondeos electorales y mediciones de audiencias. Gallup predijo con una muestra relativamente pequeña el triunfo de Roosevelt en las elecciones de 1936, aunque se estrelló en las de 1948 anunciando la victoria de Dewey el año en que ganó Truman. Atribuyó posteriormente su error a haber dado por cerrada la encuesta con demasiada antelación. Y no se equivocó en eso.

Sucesos muy próximos a la jornada electoral pueden convertir un resultado que se da por seguro en un fenómeno puramente aleatorio, con un 50% de posibilidades para las candidaturas. Esto mismo es lo que hace que la media de los resultados de todas las encuestas previas pierda sentido y sólo añada distorsión al pronóstico, tanto más cuanto más alejados estén esos resultados del día de la elección. Pronosticar el futuro con la media de toda una serie temporal es como decir que mañana el índice S&P 500 será 1000 y hacerlo con los últimos valores invita a explicar el sentido de los anteriores. Los sondeos publicados con mucha antelación, que se suelen hacer con el fin de investigar tendencias, pueden tener además un efecto no meramente informativo e imprevisto, que es influir en la opinión pública y no siempre en la dirección que se pretende.

La película puede resultar profética del mencionado batacazo de Gallup un año después de su estreno. Visto hoy, incluso el nombre del protagonista, Rip Smith, puede parecerlo, si se interpreta como el fin del paradigma del hombre común, normal o medio, ese valor más frecuente con el que se quiere representar toda la realidad y lo que le afecta. Smith, no obstante, sigue siendo el apellido más repetido en Estados Unidos según el Census Bureau, igual que siguen dándose por representativos y muy certeros los resultados de pequeñas ciudades, como puede ser Betanzos en España para las elecciones gallegas, ciudad mágica para los encuestadores sobre la que hay algún libro al respecto.

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Pero existen errores no muestrales que afectan a los sondeos y que no siempre controla el investigador, como la falta de respuesta y todas esas influencias ambientales entre las cuales estarían los medios de comunicación y quienes los cuestionan y desvelan, por lo que nunca sabrán si juegan a favor o en contra de quienes promueven en ellos sus campañas. Es lo que algunos creen que explica los resultados sorpresa en el caso del Brexit y las últimas elecciones en Estados Unidos que dieron la victoria a Trump. Algo de esto ocurre también en Grandview cuando sus habitantes descubren que son la ciudad “matemáticamente perfecta” para los encuestadores. El efecto experimentador sobre la muestra y los pronósticos no se hará esperar…

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Por todo ello, no es nada extraño que la confianza que algunos tienen en los sondeos haya quedado muy mermada en los últimos tiempos. Aunque la memoria es corta y en breve volveremos a ver encuestas para todos los gustos en los medios, no está de más dejar constancia de las limitaciones que tienen los pronósticos, incluso los basados en complejos teoremas. La fe ciega que sociólogos y expertos en demoscopia tienen en los errores estándar dista mucho de la que ponen en sus herramientas quienes saben de dónde vienen los estimadores y por qué usan esas fórmulas y no otras. La representatividad muestral puede ser clave, pero no es todo lo que está en juego ni lo único que afecta a los resultados, como tantas veces ha quedado y quedará demostrado.

 

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