Encuestas orwellianas

Gracias a una encuesta realizada a los ciudadanos de varios países hemos sabido hace poco que a los españoles nos preocupa principalmente la economía, la educación y la desigualdad, y por ese orden.

Sorprende que sean esas tres cosas y no otras, habida cuenta de lo que nos dice periódicamente el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que señala el paro en primera posición, la corrupción y el fraude, en la segunda, y los políticos en general, los partidos políticos y la política, en tercer lugar, según los porcentajes acumulados en una pregunta que recoge más de 50 posibles respuestas.

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Fuente: Centro de Investigaciones Sociológicas

Si tenemos en cuenta los conocimientos financieros y los asuntos judiciales sobre hipotecas y preferentes de los últimos años, la economía como tal no es algo que interese demasiado a los españoles, y como ciencia es la que peor valoran, sólo por encima de los horóscopos. Parece, pues, que al responder eso se estaban refiriendo a la actividad económica, es decir, a aquello que nos permite ganarnos la vida. En ese sentido, lo que detecta el CIS en primera posición, el paro, es un resultado no muy dispar, aunque más creíble, eso sí, dada nuestra cifra récord en el entorno.

El segundo puesto para la educación resulta algo menos verosímil. Aunque nunca nos pongamos de acuerdo sobre los contenidos que deben impartirse, hace muchos años que el analfabetismo es algo residual y tenemos una tasa de universitarios por encima de la media europea. Incluso el abandono escolar temprano, que subió en tiempos de la burbuja, ha empezado a descender en los años recientes.

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Lo que sí es posible es que los medios se hayan hecho eco mucho más de las cifras extremas que del descenso en años recientes y consecuentemente se haya visto reflejado en algunas encuestas. No obstante, de acuerdo con los resultados del CIS, la educación estaría en el séptimo lugar, no en el segundo.

En cuanto a la desigualdad (diferencia de ingresos entre ricos y pobres), en la pregunta multirrespuesta del CIS ni siquiera aparece como algo significativo, incluso aunque estuviera en ese “Otras respuestas” del final, que acumula un 5,5% en total, por más que los medios agiten el tema animados por políticos y economistas, generalmente amigos de los impuestos. El paro, principal problema según apuntan intuitivamente los encuestados del CIS, explica de hecho entre el 70 y el 80% del incremento de la desigualdad de ingresos en los años de la crisis, concentrado en los tramos de menos ingresos según vimos aquí, y en informes completos que se pueden leer aquí y aquí.

Es posible que la reducción de categorías en el cuestionario y el tamaño muestral (menos de la mitad que el del CIS) expliquen esos resultados y las discrepancias con otras fuentes, pero no hay que descartar el efecto de los medios y la política al señalar insistentemente unos problemas sobre otros, y la influencia que esto pudiera tener también sobre quienes elaboran los cuestionarios.

Dirigir las respuestas de los encuestados no es difícil. Una pregunta formulada con intención o un número de respuestas limitadas por alguna hipótesis previa son formas elementales de hacerlo, aunque el asunto preocupa más si lo vemos en clave de pensamiento dirigido y no sólo de lenguaje. En un caso, la desigualdad de ricos y pobres se ve como tercer problema; en otro, sería la política, justamente quien penaliza la riqueza con impuestos en nombre de los pobres, mientras alimenta su propia estructura y a veces hasta a sus propios ricos. ¿Será una cosa o será la otra? ¿Cuál será entonces nuestro tercer gran problema?

Reducir las respuestas posibles para encauzar las explicaciones recuerda un poco aquel diccionario menguante del Ministerio de la Verdad del que hablaba George Orwell en 1984. La idea era quitar palabras, eliminando poco a poco las que decían eran innecesarias, con el fin de que ni siquiera se pudieran expresar discrepancias con las noticias que el poder comunicaba, un crimen de la mente en aquel mundo totalitario (crimental).

Cada año habrá menos palabras y el radio de acción de la conciencia será cada vez más pequeño…
¿No ves que la finalidad de la neolengua es limitar el alcance del pensamiento, estrechar el radio de acción de la mente?..
Al final, acabamos haciendo imposible todo crimen del pensamiento. En efecto, ¿cómo puede haber crimental si cada concepto se expresa claramente con una sola palabra, una palabra cuyo significado esté decidido rigurosamente y con todos sus significados secundarios eliminados y olvidados para siempre?…

La revolución será completa cuando la lengua sea perfecta.

Esperemos que no sea esa la intención de algunas encuestas o, si lo es, que al menos podamos seguir disponiendo de fuentes alternativas para contrastarlas.

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