¿Qué es “idiocracia”? ¿Y tú me lo preguntas?

polarizacion

El Pensamiento Único ha emitido veredicto sobre la victoria de Trump: la gente es idiota. El insulto sustituye a la autocrítica y, de paso, disimula la histeria. Véase cómo este agudo comentarista despacha rápidamente el asunto con eso de que triunfó la “idiocracia”. Los hay más versados que intentan relacionarlo con la ruralidad de las gentes y su humilde extracción, usando mapas y gráficos, lo que no deja de ser otra forma de insultar, pero con bata de científico.

Emergen de ahí ciertas incoherencias como que la “bestia neoliberal” sea producto del malvado capitalismo y a la vez se le critique por ser nacionalista y antiglobalización. Todo sea por seguir usando las cuatro etiquetas de moda que a los populistas del otro bando les han tocado en la rifa.

La Idiocracia aludida por el ejemplar comentarista es una comedia inspirada en la idea de un futuro distópico en el que la sociedad ha quedado en manos de los más estúpidos. Extrapolando y sin más elementos de juicio que los que muestra una de las partes, lo más probable es que hoy todo el mundo piense que el estúpido es el otro. La polarización política no es más que eso.

Pero algunos votantes de Trump han explicado su voto por la fatiga que produce la extralimitación de la corrección política en todos los ámbitos de la sociedad, particularmente desde que empezó la era Obama, que consideró la Educación como arma de transformación social y política.

Al amparo de una corriente académica que antepone visiones de justicia social o igualdad a verdad, salen hoy de las universidades estudios que “prueban” que el yoga es cosa de supremacistas blancos, y el sexo y la edad, construcciones sociales. Cuando no puedes descubrir nada nuevo, lo mejor es inventártelo, como en aquel estudio feminista sobre los glaciares.

Esta élite intelectual urbana con importantes sesgos en su formación ha salido del ámbito académico y ha querido transformar la sociedad norteamericana a su gusto, sin consultar los gustos de los demás. Decidir el tamaño de las hamburguesas y cuánta azúcar deben llevar los refrescos, pero también influir en los demás poderes del Estado. El intervencionismo de los gestores públicos en la vida de las personas puede ser adictivo, aunque no le apliquen impuestos, y empeorarlo todo con la excusa de querer arreglarlo.

Aquí dejo un vídeo que quiere llamar la atención sobre los peligros de esta ingeniería social llevada a sus últimas consecuencias. Quizá les ayude mejor a entender lo de Trump y, con suerte, hasta les sirva para reflexionar sobre en qué lado de la película está cada uno.

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