Homo deus y hombre mono

futuro

La lucha del homo sapiens por salvarse a sí mismo en contra de lo que dicta la naturaleza tiene una larga historia. Reducir la mortalidad infantil por medios artificiales fue un paso importante en el camino; frenar el impacto de las epidemias y conseguir que personas infértiles se reprodujeran mediante técnicas de laboratorio son otros logros importantes. Así podríamos seguir acumulando ejemplos que nos llevarían a entender por qué tantos visionarios creen hoy que al final de ese camino nos espera la inmortalidad o una vida muy distinta a la actual, gracias a la biónica y la inteligencia artificial.

El autor que aporta las penúltimas ideas para los que gustan de futurología social es Yuval Noah Harari, historiador israelí que presentó hace unos meses la edición española de su último libro, Homo deus. En su visión del futuro, el hombre que nos heredará será fruto del diseño inteligente pero el diseñador será él mismo. Los viejos homo sapiens que no tengan el poder para mejorarse serán cada vez más prescindibles y puede que hasta molestos para el gobierno que habrá de dirigir entonces nuestro destino.

Con la literatura y la ficción siempre hemos intentado adelantarnos al futuro. Sin embargo, el hoy pocas veces ha sido escrito con precisión en el pasado. Creemos que Internet estaba en los textos de Asimov, pero no deja de ser una proyección que hacemos hacia atrás, equivalente a identificar el smartphone en el “zapatófono” del Superagente 86 o el avión en las máquinas voladoras de Leonardo.

La ficción de cada época lo que sí refleja bien son las ilusiones y temores que tenemos en el presente. El miedo a la radiactividad durante los años cincuenta nos trajo películas sobre hormigas gigantes (Them!, La humanidad en peligro), que por supuesto nunca hemos llegado a ver; la alarma ambiental y poblacional durante los setenta se plasmó en Soylent Green (Cuando el destino nos alcance), y la fe en el progreso tecnológico nos trae hombres virtuales que se fabrican a sí mismos y se expanden como virus informáticos por todo el planeta (Transcendence).

El hombre del futuro tendrá poderosas tecnologías a su alcance, en eso acierta Harari, pero la tecnología del mañana será mucho más rentable puesta al servicio del bien y de todos que sólo puesta al servicio del mal y para provecho de unos pocos. Esto no es así por designio divino, es así porque las comodidades que disfrutamos hoy nos llegaron de esa forma, no son fruto de bondadosos planificadores que reaccionaron preventivamente ante una masa enfurecida dispuesta a todo en caso de no extender las mejoras, como parece creer el autor de moda (entrevista) y tantos otros que miran revoluciones pasadas como quien interpreta los posos del café.

Los homo deus al servicio del mal que hemos conocido hasta ahora prueban bien que es mucho más fácil encontrarlos en totalitarismos y a la sombra de revolucionarios que dentro de sociedades regidas por el libre mercado.

Dioses fabricando hombres mono

Perfeccionarnos a nosotros mismos y tener poderes sobre las demás especies ha sido entre nosotros un deseo lejano, anterior a la genética y la inteligencia artificial. Lo atestiguan las primeras cirugías plásticas y la cría selectiva de animales.

Un caso interesante en la historia reciente del homo deus es el del científico ruso Ilya Ivanov, que intentaba conseguir hombres mono mediante técnicas de hibridación.

la-isla-del-doctor-moreau

A finales del siglo XIX ya se habían extendido la ideas darwinistas y se empezaba a aceptar que los hombres y las demás especies animales formaban parte de algún tronco común. Sintomático del clima cultural eran los movimientos antiviviseccionistas, muy activos por aquel entonces.

En 1896, H.G. Wells publicaba La isla del doctor Moreau, llevada al cine por primera vez en 1911. Como Harari, Wells era también un gran visionario y sus novelas, versionadas para el cine en multitud de ocasiones, son hoy grandes clásicos de la ciencia-ficción.

La isla del doctor Moreau era un tributo a la causa antiviviseccionista y una crítica al fundamentalismo científico, doctrina en la que la ciencia sustituye a la religión. En ella además de mujeres lobo, híbridos de hiena y cerdo y otras mezclas imaginables, también aparecían hombres mono.

ivanovEs posible que la novela de Wells inspirara a Ivanov en sus locas elucubraciones, que por entonces tenía 26 años y se acababa de graduar. No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que en ese ambiente el fisiólogo ruso creía que era posible conseguir híbridos resultantes de la mezcla de hombre y chimpancé. Su proyecto contó incluso con apoyo del Instituto Pasteur y financiación del gobierno ruso.

En los años veinte Ivanov se trasladó a la Guinea Francesa para llevar a cabo sus primeros experimentos, por fortuna, sin éxito, y continuó posteriormente en un centro de la antigua URSS apadrinado por Stalin, donde decía contar con voluntarias humanas. A finales de 1930 fue objeto de denuncias políticas y arrestado y condenado al exilio en Kazajistán, donde siguió trabajando en un centro veterinario y moriría poco después. Sus trabajos inspiraron en 1932 una ópera satírica a Shostakóvich, Orango, que quedó inconclusa, y el famoso Pavlov, uno de los padres fundadores de la psicología experimental, alabó su dedicación a la ciencia tras su muerte.

El ejemplo de Ivanov y el de la experimentación en los campos de concentración nazis demuestran que los humanos aficionados a ser dioses terrenales son más habituales en gobiernos totalitarios que en sistemas de gobierno mínimo. Donde hay una sociedad civil suficientemente grande, variada e informada es el tecnólogo el que se interesa por satisfacer sus demandas de calidad de vida, no la sociedad la que debe acomodarse a sus diseños, por muy inteligentes que digan ser.

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