We are the wall

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Fuente: Eurostat

Las fronteras separan territorios pero también prácticas vinculadas a derechos y obligaciones. Cuantas más diferencias afecten a las condiciones de vida y la seguridad, mayor necesidad de establecer controles fronterizos y, al revés, cuanto más iguales, más facilidad tienen los movimientos migratorios entre ellos. Esa es la razón por la que hay países que están en la Unión Europea y no en el espacio Schengen (Rumanía, Bulgaria) y otros que, no estando en la UE, pueden tener interés en firmar acuerdos para facilitar el tránsito de todos o algunos ciudadanos europeos (Noruega, Suiza).

No hay libertad sin seguridad, ni enriquecimiento que sea posible dentro de los países sin instrumentos que garanticen la estabilidad y seguridad jurídica de sus habitantes. El comercio internacional (ese que llena supermercados y abarata los precios) es el mejor aliado del ciudadano que aspira a la total libertad de movimientos, pero también es, paradójicamente, lo que despierta más recelos entre quienes pretenden abolir o ridiculizar la importancia de las fronteras. Poco sentido tiene aplaudir y promover movimientos migratorios de forma ilimitada mientras se manifiestan contra tratados internacionales de libre comercio; salvo que se quiera igualar territorios en la dirección de una mayor pobreza a ambos lados de las fronteras.

worldLos creyentes en el mito moderno del ciudadano global sostienen que hay que echar abajo los muros porque no hay personas ilegales o, como decía aquella canción cargada de beatitud cristiana, ‘We are all a part of God’s great big family’ (We are the world). Pero lo cierto es que hasta en el mundo digital hay barreras. Difícil hablar de ciudadano global cuando en China (18% de la población mundial) ni siquiera tienen acceso a Google, Twitter o Youtube.

El terrible lío de Europa

En uno de esos tuit que los chinos no podrán ver a menos que su gobierno se lo autorice o cuente, el nuevo presidente norteamericano ha justificado sus recientes medidas sobre control de fronteras diciendo que quiere evitar el “terrible mess” que hay hoy en Europa y en el mundo. Se refiere, sin duda, a los desplazamientos de población procedente de regiones en conflicto que se han producido estos años, principalmente por el sur y este de Europa.

Las leyes de asilo o refugio están para resolver casos concretos que así lo requieran, sin embargo, las migraciones responden a otros planteamientos y se atienen por ello a otro tipo de requisitos y recomendaciones. La anomalía de estos años en el tema del refugio no puede ocultar los asuntos a los que se enfrenta habitualmente el control de fronteras y que han sido desbordados.

En condiciones “normales”, más de la mitad de los nacionales de terceros países que son rechazados en fronteras de la UE lo son en España (60% en 2014, 56,6% en 2015) y los motivos más frecuentes para el conjunto se muestran en el gráfico que encabeza esta entrada. En el caso de España, la mayor parte son nacionales procedentes de Marruecos.

Aquí podemos ver la evolución de las cifras desde 2008. España ha llegado a suponer el 80% del total de rechazos fronterizos.

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Fuente: Eurostat

Una de las cosas que ha demostrado el problema de los refugiados es que no hay muros que contengan movimientos de personas que son animados o incentivados desde terceros países, sean cuales fueren las razones. Como consecuencia, y a pesar de esos controles, desde 2015 la presencia irregular de nacionales de terceros países en territorio UE se ha incrementado en más de cuatro veces el promedio de años previos y de forma alarmante en Grecia, Hungría y Alemania.

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Fuente: Eurostat

Recordemos que ilegales no son refugiados. Las cifras de abajo se refieren a los que son detectados anualmente por las fuerzas de seguridad o el Ministerio del Interior de cada país informante, no equivalen al número total de irregulares presentes en el país en cada momento, pero sí dan una idea del salto que se produce ese último año como resultado del problema sobrevenido.

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Fuente: Eurostat

Todos los países tienen ilegales en el interior, aunque no haya avalanchas de refugiados. Pew Research Center estima en algo más de 11 millones los que hay actualmente en Estados Unidos, con California y Texas a la cabeza. En Europa, el asunto de los refugiados ha multiplicado el problema que tienen todos los países relativo a inmigración ilegal o, si lo prefieren, irregular. Y esto es innegable, pues a la par que ha disminuido el rechazo en frontera ha aumentado la presencia de ilegales en el interior.

La política es una gran fábrica de mitos y narrativas a conveniencia, donde opera la selección de las más simples y aparentemente inocuas, sean o no las más aptas para explicar las cosas. Sería mucho más práctico que los muros no fueran necesarios y que pudiéramos movernos con rapidez y seguridad de un sitio a otro y, además, por donde queramos, pero la realidad es la que es y las fronteras no van a desaparecer por más que cantemos canciones e inventemos campañas. Las personas son las que hacen necesarios los muros y si la idea no les gusta, empiecen por dejar abierta la puerta de su casa y ya nos dicen luego qué tal les fue.

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