El indignado, desvelado

Investigaciones recientes han revelado los mecanismos psicológicos que se esconden detrás de la indignación moral

El indignado político lleva tiempo entre nosotros y es interesante saber lo que la ciencia tiene que decirnos al respecto de su indignación.

Expresar ira hacia los supuestos culpables del malestar que afecta a otros tiene buena prensa. Manifestaciones contra los recortes o desahucios y escraches a políticos son interpretados por muchos como actos nobles y desinteresados, pero la Psicología lo pone en duda. En realidad, los filósofos morales ya se habían dado cuenta antes de las muchas caras que esconde esta aparente pasión moral desinteresada. La novedad es que ahora tenemos, por decirlo así, las pruebas.

Rothschild y Keefer (2017), autores del estudio, querían comprobar la relación entre culpabilidad e indignación moral y para ello realizaron cinco experimentos por separado, que permitían valorar al detalle las relaciones entre ira, empatía, identidad, culpabilidad (individual y colectiva), auto percepción e indignación moral.

Los resultados de estos trabajos probaron que sentimientos de culpa, individual o de grupo, podían ser aliviados mediante la indignación moral descargada sobre terceros. Esta indignación compensatoria también amortiguaba las amenazas percibidas a la identidad moral de uno mismo o del grupo.

De acuerdo con lo publicado, los principales resultados serían los siguientes:

1- Sentimientos de culpabilidad personal generados por alguna información o asunto incrementan la indignación moral sobre un tercer objetivo.
2- Cuanto mayor es el sentimiento de culpa sobre la implicación personal, mayor es el deseo de penalizar a un tercero, incrementando la indignación moral sobre él.
3- Tener oportunidad de expresar indignación sobre un tercero disminuye la culpa en las personas que sienten amenazada la moralidad de su grupo.
4- La oportunidad de expresar indignación moral sobre colectivos culpabilizados de algún daño sube la percepción que se tiene sobre la moralidad personal.
5- La indignación moral inducida por sentimientos de culpa disminuye cuando la gente puede reafirmar su bondad por medios diferentes de culpar a terceros, incluso en contextos no relacionados.

Resumiendo, focalizar la culpa sobre terceros -indignación moral- responde a motivaciones bastante menos desinteresadas de lo que se piensa. Sirve para aliviar sentimientos de culpa por daños sociales que de algún modo también implican al indignado y para reforzar la propia imagen de buena persona ante situaciones en las que ésta pueda verse amenazada.

Letrero: “Si el clima fuera un banco, ya hubiera sido salvado”. ¿Ingenioso o alivio moral para autoconsumo?…

La crisis financiera animó el fenómeno de los indignados y éste a las editoriales.

Bancos y políticos fueron (y son todavía) su diana favorita, pero la insolvencia de personas y empresas está detrás de la quiebra bancaria, al igual que la intromisión en esa banca de representantes públicos, previamente aplaudidos y elegidos por los votantes.

La receta para fabricar indignados nos ha sido revelada: se crean sentimientos personales de culpa por algún daño social más o menos irreparable (el ambiente, la esclavitud, la desigualdad, el machismo, el hambre en el mundo), se apunta hacia un superculpable que permita aliviar esos sentimientos de culpa, se agita y… listo.

La ilusión colectiva con tienda de campaña ha dejado ya las calles (tras probar su preferencia por el ascenso rápido en las instituciones), pero los personajes indignados no han abandonado del todo la escena. Aplicar los resultados de estas investigaciones al contexto actual es inmediato.

Los estudiantes inquisitoriales, que estos días impiden hablar a conferenciantes, pueden tener sentimientos de culpa por motivos diversos (incluido el poco éxito académico y el despilfarro de recursos que eso implica), lo que hará que busquen alivio moral apuntando su indignación hacia terceros (la burguesía, el sistema, el capitalismo).

Al indignado de tipo elitista, esos terceros culpables le permitirán aliviar la disonancia cognitiva entre el discurso empático con los desfavorecidos y la propia situación de que disfruta. Personajes del mundo artístico que lamentan el egoísmo de los demás mientras procuran eludir al fisco o exigir menores impuestos sólo para sus actividades.

Finalmente, el indignado de tipo oportunista tendrá en esa indignación compensatoria el incentivo para mejorar la propia imagen, además del alivio moral, mediante el ya conocido teatro de la indignación.

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