Redes que nos atrapan

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Las redes sociales, que nacieron más o menos con el cambio de siglo, son usadas hoy por millones de personas y empresas en todo el mundo. Como el móvil o el primer teléfono fijo, superaron el escepticismo de los primeros tiempos hasta convertirse en algo sin lo que ya no sabemos vivir. Las necesitamos para comunicarnos, para el trabajo, para informarnos, entretenernos o relacionarnos.

Aparatos y utilidades dependen del tipo de vida que hacemos en cada momento y de las alternativas que mejor se adaptan a nuestras necesidades. La televisión clásica y el vídeo, de uso generalizado hasta hace unos años, han dejado paso a formas más adecuadas a los gustos y las tecnologías actuales. Lo mismo se puede decir de la prensa en papel. Para las generaciones que nacen hoy serán reliquias del pasado.

Pero sea cual sea el futuro que les espera a las actuales redes sociales, todavía están en fase de expansión, tanto en su diversidad como en el uso por particulares y empresas.

En España estamos un poco por encima de la media de la Eurozona en el uso por particulares y bastante igualados en lo que refiere a empresas. Si la edad de los más jóvenes marca en parte la tendencia del futuro, no hay duda de que tienen recorrido por delante.

Fuente: Eurostat

La posibilidad de comunicarnos con amplios colectivos contribuye a extender su uso. Cuando open windows sólo podía significar airear la casa, la única forma de conocer el mundo exterior consistía en enfrentarse a él (asumir riesgos) o escuchar y leer lo que otros habían descubierto. Todo eso lo podemos hacer ahora sin movernos del asiento y compartirlo con mucha más gente.

La interacción dentro de la virtualidad permite además algo novedoso, que también contribuye a facilitar su implantación, y es analizar información circulante para mejorar rendimientos, con fines estadísticos o empresariales, creando nuevos productos y servicios. Antiguamente, para conocer algún detalle sobre la población o la actividad económica, no quedaba más remedio que hacer encuestas o investigar datos guardados en registros, con el consiguiente desfase temporal. Hoy esto empieza a cuestionarse.

Por otra parte, ¿qué hay del uso que hacemos de las redes sociales desde que las probamos hasta que las incorporamos como un elemento más de nuestra vida? Al igual que ocurre con otras aplicaciones lúdicas y gadget tecnológicos, a medida que pasa el tiempo hacemos un uso diferente de ellos, hasta llegar, en algunos casos, a un desuso o un no uso final, momento en el que otras opciones pueden ganar cuota de mercado, incorporando algún aspecto diferenciador.

Para este tipo de usuario, existe una primera fase de prueba y práctica, otra de mayor asiduidad y una final de desuso o escaso uso. Ignoro si éste es un patrón más frecuente de lo que pensamos, pero si quieren compartir su opinión, pueden hacerlo en la siguiente encuesta, caso de que su interés por el tema les haya traído por aquí.

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