Multiculturalismo a la carta

Como saben, las confesiones religiosas con notorio arraigo  desearían obtener del erario público los mismos beneficios que la católica, pero lo que quizá no sepan es que desde hace tiempo disponen de espacios propios en RTVE. No suficientes, a su entender, pues aspiran a otros similares en las autonómicas y, por qué no, en las privadas. Todo ello sin coste alguno para sus asociados o, mejor dicho, pagado por todos, creyentes y no. Así que ahora, además de la tradicional Misa y Pueblo de Dios, podemos disfrutar también de: Buenas noticias TV, Culto evangélico, Medina en TVE, Shalom, El día del Señor, Testimonio y Últimas preguntas.

Por casualidad, tuve ocasión de ver estos días pasados Medina en TVE, “espacio semanal de la Comunidad Islámica que se ocupa de los temas de actualidad del colectivo islámico en España y de la recuperación del Islam histórico hispano”. El programa no engaña: es todo un canto al multiculturalismo medieval y su modelo de convivencia, la primera sociedad medinense.

Mohammed Said, imán presidente de la Asociación de Jóvenes Musulmanes de España, recordaba en esa intervención que los musulmanes tienen dos fuentes primarias de jurisprudencia: el Corán (palabra de Alá) y la Sunna (tradición profética), las cuales afectan a todos los aspectos de la vida, no sólo a la práctica religiosa, también a la forma de vida y al código ético. Con la “igualdad ante Dios” como guía y el respeto a la libertad de cada comunidad a practicar su propia jurisprudencia, la España que quiere para sí Mohammed se parece bastante a la sociedad multiétnica de dudoso futuro que vislumbrara Giovanni Sartori. Bueno es saberlo.

No hace mucho este programa trató también el tema de la violencia de género en el mundo y para hablar de tan delicado asunto en clave interna no halló mejor interlocutor que “una euskomora subversiva anarcofeminista islámica”, musulmana de pura cepa, ya ven. Quien así se define en su blog es Laura Rodríguez-Quiroga, aunque en el programa fue presentada como investigadora y periodista.

Según Rodríguez-Quiroga, no hay estadísticas sobre violencia de género dentro del islam, pero 24 países musulmanes tienen legislaciones que protegen a las mujeres de este tipo de violencia, si bien en el norte de África y Oriente Medio, según la experta, “hay todavía cierto atraso en este aspecto”. Pakistán, por lo visto, debe ser ya muy moderno y por eso salió de la lista. El experto en la caverna no desperdicia el tiempo para mostrar en público sus amplios conocimientos en la materia.

Fuente: Estadística de violencia doméstica y de género, INE (Tasas por 1.000 mujeres de cada colectivo de 14 y más años).

¿Convivencia o sumisión?

El modelo de convivencia intercultural que estos musulmanes reclaman ahora en Occidente funciona bastante mal en los países de origen de muchos de ellos y empezamos a verlo también en los nuestros, como lo demuestran las detenciones de yihadistas y los barrios no aptos para el diferente en grandes ciudades; atentados aparte. La “libertad colectiva” para fortalecer y segregar comunidades es el primer paso y lo que sigue no es mejor.

Hace unas semanas, Hillel Neuer, director ejecutivo de UNWatch, preguntaba en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU a los representantes de Egipto, Irak, Jordania, Kuwait, Líbano, Libia y Marruecos:  “¿Cuántos judíos viven en sus países?”  ¿Cuál creen que fue su respuesta? Ninguna, en efecto, porque ninguno queda, pese a ser Israel el acusado habitual de practicar apartheid, y tener, no obstante, más de un millón de musulmanes dentro del país.

En Europa, tras las declaraciones de la alcaldesa de Colonia aconsejando a las mujeres mantenerse a distancia de desconocidos para no ser atacadas, nos creemos ya cualquier cosa de nuestros dirigentes, incluso que pidan a todas las mujeres ponerse el velo en solidaridad con las musulmanas que lo llevan, como ha hecho recientemente el presidente ecologista austríaco, para combatir -dice- la islamofobia. Según el discurso de Mohammed  en TVE ya sabemos que el velo no sólo representa una determinada práctica religiosa, también la aceptación de un cierto código ético, concretamente el de la sumisión de la mujer, aunque no lo digan, que a quien señala y pone en riesgo es precisamente a quien no lo lleva. Hoy mayoría, pero mañana pudieran ser minoría.

La “libertad colectiva” para fortalecer y segregar comunidades es el primer paso y lo que sigue no es mejor.

El mundo que nos espera puede ser terroríficamente pacífico, si los que quedan después de las oportunas purgas se apuntan también a la sumisión, en especial, las mujeres, cuyo testimonio, según la jurisprudencia islámica, vale la mitad que el de un hombre. En ese futuro habrá menos mujeres asaltadas en público, ya que ninguna estará a la vista “provocando a los fieles”. Y no habrá tampoco más ateos o gays que los encarcelados o lanzados desde las azoteas, tal y como ocurre en los países musulmanes cuyos habitantes vienen a darnos lecciones de convivencia. Aunque, entonces, el futuro será más parecido al de Sumisión que al de convivencia multicultural que algunos amablemente nos anuncian.

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