Lujos de ayer, necesidades del presente

Málaga, la ciudad de los dos castillos, aspira a ser también la ciudad de los museos. Varias colecciones privadas han sido reconvertidas a modo de pequeños museos, como el del Vidrio y Cristal o la Coleccción Ifergan de arqueología. Se localizan en diferentes puntos de la ciudad, ajenos, pero no indiferentes, a las multitudes que acuden al Museo Picasso, gran atractor de turistas en cualquier época del año. Entre ellos se encuentra el Museo Automovilístico y de la Moday aunque no le atraigan especialmente los coches ni la moda, éste es uno de los que no le decepcionarán.

Tiene de interés su misma ubicación, la antigua Real Fábrica de Tabacos, dos edificios que comparten patio y albergan, por un lado, este museo y, por otro, colecciones temporales del Museo Estatal Ruso de San Petersburgo, que inauguró sede en 2015. A lo largo de su recorrido, se puede apreciar la influencia mutua entre los avances tecnológicos y los gustos y preferencias de cada época. El paso del carruaje a los primeros coches de motor inician la visita, hasta llegar a los vehículos y diseños más futuristas.

En poco más de un siglo, el coche ha pasado de ser un bien de lujo, al alcance de pocos, a bien de consumo popular y frecuente, con una inmensa variedad de precios y modelos. Ocurre esto con muchas otras cosas que definen nuestro actual nivel de bienestar; sólo tenemos que mirar lo que nos rodea. Tecnologías y objetos inalcanzables para todos hace un siglo, fuera cual fuera el nivel de riqueza, están hoy a disposición de cualquiera. Lo mismo puede decirse de algunas actividades de ocio, como el turismo, asunto de privilegiados y aventureros a primeros de siglo, convertido ahora en fenómeno de masas.

Por su importancia como producto industrial y mercancía, el peso del sector del automóvil despierta el interés de quienes estudian la economía y pronostican futuros resultados. En 2017, las ventas al exterior de vehículos y componentes representaron el 16,3% del valor total de los bienes exportados y casi el 13% de las importaciones. Vendemos más coches de los que compramos o, por lo menos, el valor de las ventas así lo indica. También las matriculaciones de vehículos son un dato que se mira con atención, como avance de posibles tendencias en otros sectores.

Pero el automóvil no sólo está presente en la actividad económica. Como bien duradero que es, se encuentra entre los activos que reflejan la riqueza y el consumo de los hogares y su mayor o menor accesibilidad se utiliza, junto con otras cosas, para estimar indicadores de pobreza. Es decir, el automóvil ha dejado de ser un bien de lujo hasta el punto de que ahora se tiene en cuenta al evaluar las carencias materiales, definidas éstas como un número determinado de bienes y servicios que la persona puede o no permitirse.

(p) Dato provisional. Fuente: Eurostat

Tomado de forma aislada, se puede observar cómo han influido las circunstancias económicas en cada momento sobre el porcentaje de población que no puede permitirse un automóvil. Según datos publicados recientemente en Eurostat, se estima que un 4,6% en 2017 se encontraba en esa situación. La cifra es similar a la registrada diez años atrás (de confirmarse, sería incluso inferior) y se encuentra por debajo de la media de la Eurozona. Las oscilaciones en este periodo tampoco han sido muy espectaculares, atendiendo a la gráfica, aunque no siempre haya sido así. Hoy, sin embargo, el 95% de la población puede permitirse comprar un automóvil frente a menos de un 1% hace cien años(*).

Lo mismo se podría decir de otros tantos avances: frigoríficos, lavadoras y hasta vacunas. Esa magia de la economía es algo que no ven quienes centran el discurso en las desigualdades dentro del mundo rico, o entre éste y el menos rico, mientras ignoran las comodidades cada vez más generalizadas de las que podemos disfrutar hoy, gracias al comercio, la tecnología y las innovaciones, mucho más importantes para nuestra calidad de vida que las diferencias de rentas nominales con el vecino.

NOTAS

(*) “En 1922 había 1,82 vehículos en uso por 1.000 habitantes”. Los precios de los automóviles importados en la España de los años veinte. José Luis Hernández Marco. Revista de Historia Industrial. N.º 22. Año 2002.

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