Imperios, propaganda, colonos y esclavos

En tiempos de extrema polarización política, cualquier idea que resulte atractiva a los bandos enfrentados tiene muchas posibilidades de triunfar. Creo que esto es lo que ocurre hoy con el término “inclusivo”. Sirve para ensalzar las virtudes de algo: “negocios inclusivos”, “leyes inclusivas”, “programas inclusivos”, “mensajes inclusivos”… Y a menudo viene acompañado de otro igual de estupendo: “empleo social e inclusivo”, “barrios dinámicos e inclusivos”. No dice nada nuevo, pero reconocemos la realidad porque la nombramos y con el término añadido, el asunto o lo que fuera ya nos cae algo más simpático. Contra la exclusión, cosa fea y discriminatoria, inclusión. “El futuro será inclusivo o no será”.

Cuando leí “Por qué fracasan los países” (2012) me llamó la atención la cantidad de veces que repiten el término los autores, en este caso para hablar de “instituciones inclusivas”. Según Acemoglu y Robinson: “son aquellas que están suficientemente centralizadas y que son pluralistas. Cuando falle alguna de estas condiciones, nos referiremos a ellas como instituciones políticas extractivas.”

La tesis del libro es bastante sencilla. Los países son ricos y seguros (o pobres y peligrosos) gracias a las instituciones que han tenido y tienen. Unas instituciones estimulan la prosperidad y permiten que se extienda, mientras otras, la ahogan. Analizan otros aspectos de gran interés, como el papel de la esclavitud y cómo el peso de la historia y las ideas dominantes contribuyen a animar o frenar el expansionismo. Pero la idea central es que las instituciones juegan un papel más importante del que hasta ahora se había pensado, pues son éstas las que hacen que el destino se incline finalmente hacia un lado o hacia otro.

El ejemplo con el que ilustran su idea al comienzo del libro es el de Nogales, ciudad frontera que tiene una parte en Arizona (EE.UU.) y otra en Sonora (México). La primera aprovecha las ventajas de pertenecer a un país con instituciones inclusivas, que ofrecen seguridad, propiedad privada, un sistema jurídico imparcial, servicios públicos, permiten entrada de nuevas empresas, etc. mientras que la Nogales de Sonora no se ha podido beneficiar de tales ventajas hasta hace muy pocos años. La del Sur es resultado de unas instituciones poco inclusivas, que son las que han gobernado el país con pocos cambios desde su independencia.

Los autores no se quedan ahí. Para explicar las diferencias entre la América del Norte y del Sur que encontramos hoy, sugieren que éstas hunden sus raíces en la diferente gestión del territorio por parte de españoles e ingleses. Adoptan con muy pocos cambios la versión de John H. Elliott (Imperios del mundo atlántico”, 2006), quien resta peso a los añadidos artificiales de la leyenda negra, pero sigue poniendo el acento en el carácter más extractivo que inclusivo de las instituciones del Sur.

Quienes hayan leído “Imperiofobia y leyenda negra” (2016) entenderán por qué es necesario traerlo a colación. Explica la autora los fallos de la versión de Elliott y las numerosas pruebas en sentido contrario que desde la legislación, la educación y la medicina se pueden encontrar en los archivos. La obra está pensada para que el lector descubra cómo se ha ido forjando la leyenda negra que llega hasta nuestros días y por qué se insiste en ella, pese a los desaciertos.

Las trece colonias que los ingleses establecen en América del Norte fueron progresivamente llenándose de regulaciones y limitaciones que impedían su expansión. No parece, pues, que en la mente de aquellos ingleses estuviera la idea de construir un imperio integrador al otro lado del Atlántico, mientras que los españoles ya llevaban más de cien años haciéndolo en el Sur. El hoy exitoso Estados Unidos surge a partir de la independencia, es decir, después de aquellas primeras colonias, no antes.

Las revueltas que llevan a la independencia en el Sur no son reacciones simples a un modelo colonial extractivo, más bien siguen a un periodo crítico de reformas que empezaron durante el reinado de Carlos III. La autora cuestiona la utilidad de algunas de estas reformas, pero puede que el comunitarismo indigenista de la Compañía de Jesús no fuera tan sostenible como aparentaba y que un cúmulo de circunstancias hicieran necesarios los cambios a varios niveles. También es posible que el proteccionismo para ayudar el despegue de la industria nacional no ayudara, creando el germen para la reacción de las élites locales. Instituciones inclusivas y extractivas pueden convivir en un momento dado e impedir que funcione el círculo virtuoso de la prosperidad. Como señalan Acemoglu y Robinson:

Las instituciones inclusivas, aunque tengan su propio bucle de retroalimentación, el círculo virtuoso, también pueden cambiar radicalmente de sentido y hacerse gradualmente más extractivas debido a los retos que surgen durante las coyunturas críticas (y la posibilidad de que esto ocurra es, de nuevo, contingente). 

“Por qué fracasan los países” explica bien lo que hace que los países funcionen y por qué hay sitios donde todavía esto no ocurre, sin embargo, los conceptos resultan un tanto ambiguos y la dirección causal no siempre queda clara. Esto alimenta tergiversaciones y posibilita que hoy perfectos liberticidas hablen de inclusividad, mientras proponen dañar aquello que permite que haya prosperidad, sin lo que no puede darse lo anterior.

Elvira Roca sostiene que Estados Unidos creó un imperio y está hoy en fase de asimilar su propia leyenda negra, a la que no le faltan centrifugadores internos, como Noam Chomsky y Michael Moore. Los Fray Bartolomé de las Casas de ahora no llevan hábitos, pero, como aquel, resultan interna y externamente igual de dañinos. El diagnóstico se podrá discutir (¿es EE. UU. imperio o, simplemente, potencia?), pero no se puede negar que vivimos rodeados de ficciones interesadas y a menudo juzgamos el pasado desde un pedestal moral que no se ha dado nunca antes en la historia. Hemos llegado a él por una sucesión de acontecimientos que perfectamente podrían no haberse dado. Se conocen los ingredientes y la receta para hacer que el círculo virtuoso no se vuelva del revés, pero la resistencia a ponerlo en marcha en tantos sitios demuestra que los intereses mezquinos y la propaganda pueden ser a veces un gran obstáculo.

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