Optimismo sin historicismo

El optimismo hacia el progreso no suele caer bien a los que anuncian crisis económicas y ambientales de dimensiones catastróficas. Los apocalípticos se sirven del miedo inducido para pescar votos y promover el dirigismo político de la sociedad, donde otros sólo ven nuevos retos para la innovación.

El último trabajo de Steven Pinker publicado este año ha tenido ese efecto y ha sido tan criticado como alabado, a juzgar por las reseñas que ya pueden leerse. En defensa de la Ilustración (2018) se suma a la lista de libros divulgativos que utilizan cifras comparativas y tendencias a largo plazo para dar una idea de los logros que han llevado a la especie humana hasta aquí. Poner al día esos datos y revelar mejoras en las condiciones de vida en términos globales (salud, prosperidad, seguridad…) combate la percepción equivocada, muchas veces mayoritaria, que existe entre nosotros.

Según Human Progress, citando fuentes de Gapminder (1), el dato más ignorado es la reducción de la pobreza extrema en las últimas décadas. En una encuesta realizada en varios países, se observó que apenas un 3% en España acertaba al responder que se había reducido a la mitad y en Estados Unidos el nivel de acierto sólo era un poco mejor (5%). La mayor parte (un 95%) pensaba que había aumentado o había permanecido sin cambios.

El flujo migratorio procedente de África en años recientes, junto con el sesgo periodístico por las malas noticias, alimenta la creencia en ese empeoramiento global, al menos en Europa. Pero la emigración de países en desarrollo no crece porque sean más pobres sino porque son algo más ricos que antes y África está empezando a sentar las bases de su crecimiento (2). Como idea general, las salidas aumentan a medida que sube la renta per cápita hasta cierto punto para después decrecer, adoptando la conocida forma de “U” invertida. Todo ello al margen de los incentivos que pueden aprovechar terceros (mafias, traficantes) por la ganancia que experimentan los emigrantes al cruzar ciertas fronteras.

En estos temas no sólo hay que tener cuidado con los apocalípticos, también con los más escépticos a la idea de progreso. Pero ser optimista acerca de nuestra capacidad para superar obstáculos gracias a la innovación, el intercambio y la tecnología no es lo mismo que tener una fe ciega en los cambios, como si debieran ser guiados de arriba abajo por mentes especialmente preclaras que nos señalan los pasos a seguir en cada momento, ya sean mentes religiosas o “ilustradas”.

Se utiliza estos días la expresión “optimismo racional” para referirse al libro de Pinker y fue Matt Ridley quien la usó en un libro anterior (El optimista racional, 2010), precursor del que ahora está de moda y que se ajusta mejor a esa idea de progreso a la que se llega sin un diseño inteligente que esté detrás. En La evolución de todo (2015), el mismo autor detalla cómo se llega a los cambios en el desarrollo humano y la prosperidad. El método tiene mucho de ensayo y error, seleccionando aquello que mejor funciona y descartando lo que no, a semejanza de lo que ocurre en la naturaleza.

El optimista racional  mira al pasado y amplía el marco para que observemos las grandes tendencias, y al futuro, para que entendamos que del mismo modo estamos adaptándonos lentamente a otros asuntos, como el cambio climático o el salto a la prosperidad de los países menos desarrollados.

Se estructura en once capítulos, que se inician con una gráfica a la que sigue un relato plagado de curiosidades históricas. Les será difícil no encontrar entre ellas algo de interés, les gusten más o menos los números y las estadísticas:

1. Un mejor hoy: el presente sin precedente (PIB per cápita mundial)
2. Cerebro colectivo: 200.000 años de intercambio y especialización (esperanza de vida)
3. La manufactura de la virtud: trueque, confianza y reglas desde hace 50.000 años (tasa de homicidio en Europa)
4. Alimentar a 9.000 millones: la agricultura desde hace 10.000 años (cosecha mundial de cereales)
5. El triunfo de las ciudades: el comercio desde hace 5.000 años (muertes en Estados Unidos debidas a enfermedades relacionadas con el agua)
6. Escape de la trampa de Malthus: la población desde 1200 (incremento de la población mundial)
7. La liberación de los esclavos: la energía desde 1700 (precios de metales relativos a salarios).
8. La invención de la invención: el rendimiento aumenta desde 1800 (producto mundial)
9. Los momentos críticos: el pesimismo desde 1900 (emisión de contaminantes en Estados Unidos)
10. Los dos grandes pesimismos de la actualidad: África y el clima después de 2010 (temperatura de la capa de hielo de Groenlandia).
11. La catalaxia: el optimismo racional sobre el año 2100 (proyecciones del IPCC sobre el PIB per cápita mundial)

Es precisamente porque hay tanto camino por recorrer que aquellos que ofrecen consejos desesperanzadores o llamados a aflojar el paso en la puerta de un inminente desastre ambiental podrían estar equivocados no sólo en lo que respecta a los datos, sino también desde el punto de vista moral.” Matt Ridley

En la línea de El optimista racional, también recomendable Progreso. 10 razones para mirar al futuro con optimismo, de Johan Norberg (2016). Como Ridley, el autor se centra en diez asuntos para argumentar en favor del optimismo. Estos van de la alimentación a la igualdad, pasando por: saneamiento, esperanza de vida, pobreza, violencia, medio ambiente, alfabetización y libertad. Norberg apuesta por la globalización desde el principio y aporta datos históricos que buscan contrarrestrar el sesgo pesimista hacia el futuro, resultado, a veces, de idealizar demasiado el pasado.

Progreso contiene un Epílogo dedicado a los que las grandes cifras no les terminan de convencer. En él explica los motivos que puede haber detrás de ese pesimismo. La prensa interesada más en lo negativo y puntual nos hace perder de vista noticias positivas, de evolución mucho más lenta. Tendemos además a olvidar el fracaso de todas las previsiones catastrofistas que se hicieron en el pasado y que animaban a confundir escenarios posibles con realidad, sin dejar margen apenas para las innovaciones que llegaron después.

Como ya imaginan, estos libros no son ajenos al partidismo político de nuestro tiempo.

Los lectores de tendencia izquierdista o estatista cuestionan el proceso de evolución sin planificación, aunque la libertad, y no la planificación, es la clave de la prosperidad económica, y no deja de ser irónico que muchos desde ese lado sean a la vez los más críticos del “diseño inteligente” para explicar la evolución (3).

Los más antiglobalistas en el otro lado del espectro dudan seriamente de que los movimientos migratorios descontrolados sean compatibles con el grado de universalidad al que aspiran los partidarios de los servicios públicos, o que no tengan efectos perniciosos sobre la criminalidad y la convivencia, al ceder poco a poco la sociedad libre ante la imposición de minorías más intolerantes, con el consiguiente riesgo de acabar con ella. Las críticas de John Gray y Nassim N. Taleb a Steven Pinker sobre las estadísticas de violencia se pueden añadir a ese escepticismo contra la idea de progreso moral (4).

Para poner en perspectiva la mortalidad que causa la violencia, al igual que hacen otros, también Norberg compara víctimas de terrorismo con fallecidos en accidente doméstico o en accidentes de tráfico. Pero, como señala Taleb, tenemos que invertir mucho más en prevenir muertes por actos terroristas y guerras que por resbalones en la bañera y, por otra parte, si en el futuro un grupo terrorista o una guerra causara un daño catastrófico a la especie humana, cualquier estadística de muertes violentas basada en lo cuantificado hasta entonces carecería de valor probatorio. Hay eventos de baja probabilidad que pueden causar daños fuera de “lo normal”, por lo que el argumento que pierda de vista el factor “cisne negro”  (suceso, por definición, imprevisible) siempre nos dará una visión incompleta a lo largo del tiempo, al limitarse a reflejar tan sólo lo que ocurre en una parte de él.

Ser optimista y a la vez precavido puede ser una buena forma de ejercer el optimismo racional, creamos o no en el progreso. Al fin y al cabo, dudar de casi todo también es algo que nos ha dejado la evolución. Por algo será.

NOTAS

  1. What 19 in 20 Americans Don’t Know About World Poverty. Chelsea Follett. Human Progress. 30 de abril de 2018.
  2.  Africa’s Revolutionary New Free Trade Area Could Lift Millions out of Poverty. Alexander Hammond. Foundation for Economic Education. 9 de julio de 2018.
  3. What Charles Darwin owes Adam Smith. Matt Ridley. Foundation for Economic Education.  27 de junio de 2017.
  4. Steven Pinker is wrong about violence and war. John Gray. The Guardian. 13 de marzo de 2015.
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