¿Por qué viven menos en USA?

Uno de los gráficos que más circulan estos días por las redes es el que relaciona la evolución del gasto en salud por habitante de cada país y su correspondiente esperanza de vida.

Como ya comentamos en otro sitio la esperanza de vida es un indicador demográfico de las condiciones de mortalidad por edades en cada momento. No equivale a la edad máxima a la que vamos a llegar todos, ni la mayor parte, aunque en el lenguaje común lo interpretemos así. Pero es interesante observar el caso de USA en relación con otros países desarrollados. ¿Por qué siendo el que tiene un mayor gasto en salud (público y privado) está por debajo de todos ellos? ¿Y por qué comienza a distanciarse de lo que parece una tendencia general hacia los años 80?

Algunos tienen las respuestas tan claras que no dudan en ponerlas en circulación, aunque su demostración no vaya más allá del “pienso de que” que decía don Gustavo Bueno.

El gráfico

El gráfico anterior es una ampliación del extremo superior derecho del que pongo a continuación, en el que se utiliza una escala logarítmica en los ejes para visualizar en un corto espacio la evolución de esas dos variables en más países, incluyendo aquellos cuyo gasto es muy bajo (extremo inferior izquierdo).

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La ampliación en cuestión también es un ejemplo de la deformación visual que produce recortar la escala del eje Y. Nótese que en éste la edad va de 30 a 90 años, mientras que en el primero empieza en 70 y se estrechan los espacios entre las marcas de graduación del eje X, cambios que tienen como efecto acentuar las pendientes.

La relación entre gasto en salud y esperanza de vida (evoluciones de cada país aparte) se refleja bien en el gráfico que vemos abajo, donde podemos observar que el incremento de gasto es más efectivo a niveles bajos de esperanza de vida que altos. La naturaleza tiene sus límites, mientras no la cambiemos.

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Las causas

Muchos comentaristas ven en el gráfico inicial la prueba de la ineficiencia del gasto sanitario en Estados Unidos, donde los programas públicos no son del todo universales pero la suma de gasto público y privado es la más alta. El modelo de gestión sanitaria según algunos analistas estaría aquí en entredicho y sería más evidente a partir de los 80, coincidiendo con un giro liberal en la política norteamericana.

La opinión popular del país afectado, sin embargo, parece que no lo tiene tan claro. El análisis de un número importante de comentarios leídos aquí, se resume en el siguiente gráfico. ¿Se aproximará más a la verdad el sumatorio de muchos “piensos de que” que la imposición acientífica de uno sólo? Veámoslo.

Esperanza de vida en USA causas

A pesar de la percepción que tenemos en Europa de lo estupenda que es nuestra sanidad pública, son la dieta y los hábitos de vida lo que más preocupa a los estadounidenses en relación con el tema. Se incluyen en esa categoría los comentarios sobre la afición por comidas grasas, el uso de azúcar, fructosa y derivados, Coca-Cola, Big Mac y alimentos XXL en general, además del sedentarismo.

En el apartado Estadística se mencionaron algunas observaciones interesantes sobre la medida misma de la esperanza de vida, que al incluir mortalidad por lesiones desvirtúa la realidad del caso norteamericano -como lo haría en cualquier país con altos índices de criminalidad-, sin que ello tuviera que ver necesariamente con la calidad de su sistema sanitario. De hecho, un estudio que separó este factor redujo considerablemente las diferencias, invirtiendo la posición de USA en el ranking, aunque también ha recibido críticas al favorecer en el cálculo a países con alto PIB per cápita.

Por su parte, la relación con la migración hispana y la mortalidad deriva de que sus tasas cambian en sentido contrario a otros grupos de población en segundas y terceras generaciones pero no en la de llegada, que tiene menor mortalidad por edades que otros grupos de población residentes en el país, pese a que por término medio sus condiciones de vida van asociadas a menores ingresos y menor cobertura de seguros sanitarios. Lo que se conoce como “paradoja hispana” se ha vinculado a cambios en la dieta y factores genéticos, en línea con lo que es para el público el primer sospechoso.

Ignoro cuál de todas será la causa que más y mejor explique el caso, lo que me interesa aquí es poner de manifiesto que no siempre las cosas que muestran los gráficos se explican por lo que algunos insinúan en 140 caracteres. Las relaciones causales pueden ser varias según la particular visión de cada analista, sin que ninguno se equivoque del todo y a la vez ninguno tenga toda la razón. Quien quiera culpar a Ronald Reagan aún podrá ver en el tipo de alimentación una muestra de los efectos del liberalismo, y quien no quiera podrá alegar que el mismo liberalismo aumentó la prosperidad y con ello la obesidad, enfermedad de países ricos, que según la OMS se ha más que doblado desde 1980 en todo el mundo y que a diferencia de otras se puede prevenir. Lo mismo sucede con la inmigración hispana, ya que su incremento arranca históricamente a partir de esa década y si está relacionado con lo que vemos en el gráfico, puede ser tanto efecto como causa de esas u otras variables. Mientras no se demuestre lo contrario, correlación sólo es correlación, y conviene recordarlo.

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Salud desigual y salud responsable

Puedes hacer mucho más

En diferentes sitios y con distintos argumentos se trata de relacionar la esperanza de vida con la desigualdad de ingresos (1). La excusa de todo ideólogo intervencionista pasa en nuestros días por echar mano de la socorrida desigualdad. Si la hay y tiene repercusiones gravísimas en casi todo, ha de ser necesariamente culpa del Estado que tenemos, que no es lo suficientemente social y sobreprotector.

En realidad, este es otro de los muchos casos en los que verdades a medias, si es que no simples mentiras, se mezclan con la necesidad de justificar una mayor vuelta de tuerca de los gobiernos en forma de recortes de libertad -que no de gastos- y en definitiva, de imponer e inventar más impuestos. Que estas medidas, revestidas de buenas intenciones, se traduzcan al final en más desempleo y pobreza es algo que al buen intervencionista no le suele preocupar. Al contrario, ello le servirá para proponer nuevas intervenciones y regulaciones más adelante, hasta la ruina final del conjunto, tal y como algunos economistas pronosticaban hace más de 70 años (2).

El problema de la esperanza de vida según ingresos

La esperanza de vida según los ingresos de la población en un año dado (enfoque transversal) pierde de vista el pasado de cada generación, pudiendo ocurrir que se hayan movido de grupo de ingresos a lo largo de la vida, lo que hace dudosa la asignación de clase en el año del cálculo. Si, por el contrario, se quiere calcular la esperanza de vida de forma longitudinal, considerando todo el recorrido de la población de distintas edades y clases, entonces hay que asumir, no sólo la inmovilidad anterior de clase de ingresos, sino también que las condiciones de mortalidad en el pasado (por ejemplo, la mortalidad infantil en 1930) son una fuente de información relevante sobre el sistema de salud pública en el presente, algo más que dudoso, pero que es -no se olvide- lo que pretende el que menciona estas relaciones para proponer un mayor gasto sanitario en la actualidad.

Como se ve, ninguna de las dos opciones está libre de inconvenientes, por lo que es ocioso relacionar el indicador demográfico con asuntos de desigualdad, salvo que lo que se quiera añadir es simple confusión al cúmulo abundante de reivindicaciones oportunistas sin sentido.

Al margen de la desigualdad de ingresos, el gasto en sanidad y la esperanza de vida de los países se relacionan positivamente pero sólo hasta cierto punto. Más allá de él, subir el gasto no parece tener incidencia en la esperanza de vida; el gasto sólo es más gasto, que podrá servir para lo que se quiera, pero no tiene nada que ver con la mayor o menor esperanza de vida.

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España, por cierto, es uno de los países con mayor esperanza de vida, manteniéndose desde hace tiempo en los primeros puestos de la clasificación a nivel mundial.

La mortalidad según ingresos

Lo que sí se puede relacionar con los ingresos es la incidencia de la mortalidad, pero en esto, antes de imputar a la sanidad pública alguna carencia, quizá convendría saber cuáles son los hábitos de la población según ingresos que tienen que ver con la salud y que sabemos afectan a la mortalidad.

La OMS menciona el tabaquismo y el consumo nocivo de alcohol como los dos factores de riesgo más importantes en países europeos y cita la inactividad o el sedentarismo como el cuarto factor con más incidencia sobre la mortalidad global. Ninguno de estos factores tiene que ver con el gasto sanitario sino con la responsabilidad individual y, curiosamente, los ingresos no se relacionan de forma positiva con el consumo de tabaco y alcohol sino más bien al revés.

Tabaquismo

FumadoresxActividad

Fumadoresxclase

Fuente: Encuesta Europea de Salud

I.Directores/as y gerentes de establecimientos de 10 o más asalariados/as y profesionales tradicionalmente asociados/as a licenciaturas universitarias.
II. Directores/as y gerentes de establecimientos de menos de 10 asalariados/as, profesionales tradicionalmente asociados/ as a diplomaturas universitarias y otros/as profesionales de apoyo técnico. Deportistas y artistas.
III. Ocupaciones intermedias y trabajadores/as por cuenta propia.
IV. Supervisores/as y trabajadores/as en ocupaciones técnicas cualificadas.
V. Trabajadores/as cualificados/as del sector primario y otros/as trabajadores/as semi-cualificados/as.
VI. Trabajadores/as no cualificados/as.

Consumo nocivo de alcohol

AlcoholxActividad

Alcoholxclase

Fuente: Encuesta Europea de Salud

Sedentarismo

SedentarismoxClase

EjercicioxClase

Fuente: Encuesta Europea de Salud

Muchas cosas pueden explicar estas diferencias (la libertad, las circunstancias, el empleo, la naturaleza de cada cuál…) lo que no se puede hacer es pasarlos por alto, ignorarlos por sistema, asumiendo que toda la responsabilidad de las diferencias en estado de salud según ingresos han de imputarse necesariamente a un gasto sanitario escaso o repartido de forma desigual.

Con la excusa de nuestra salud

Hay otros datos que nos dicen que el uso de la sanidad o una mayor cobertura no es lo único que influye en la salud de las personas.

En Estados Unidos, donde el seguro sanitario público está en expansión pero no es universal, se realizó un experimento sobre cómo afecta disponer de éste en el estado de salud de las personas con menos recursos (3). Los resultados mostraron que con el seguro público se registraba un mayor uso de los servicios de urgencias y de consultas médicas y se redujo la incidencia de la depresión durante los dos años en los que se hizo el seguimiento, pero no cambiaron otros datos relevantes del estado de salud tales como la presión arterial, el colesterol o el riesgo cardiovascular, una de las principales causas de muerte. Tampoco el seguro tuvo ningún efecto sobre el empleo o los ingresos de quienes tenían el seguro frente al grupo de control que carecía de él.

A igualdad de seguro sanitario son muchas las variables genéticas y ambientales, pasadas y presentes, que influyen en el estado de salud y la esperanza de vida, pero parece haber menos interés en conocer esas causas que en aumentar el gasto sanitario y de paso, si es posible, alejar cualquier sombra de duda sobre la particular responsabilidad de cada uno. Sin embargo, cualquier asociación entre gasto sanitario y estado de salud debería tener esto en cuenta, dado que toda medida de gasto público implica quitar recursos de donde se generan para ponerlos en otro, con el riesgo añadido de que resten potencial de crecimiento y no sirvan al final a sus pretendidos buenos objetivos sino sólo para el beneficio de colectivos concretos, que gobiernos intervencionistas promueven y estimulan.

NOTAS

(1) Algunos ejemplos: Un atlas de mortalidad muestra la brutal desigualdad norte-sur en EspañaGet Rich, Live Longer: The Ultimate Consequence of Income InequalitySalud desigual
(2) Crítica del intervencionismo: el mito de la tercera vía (1928-40), Ludwig von Mises
(3) The Oregon Health Insurance Experiment
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Postales castellano leonesas 2016

Economía omnipresente

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El apocalipsis está de moda

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En el Reino de ZP

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El terrorismo y la falacia del buen salvaje

No excusas

Según parece hay una película española sobre el terrorismo de ETA que da a entender que el propio Estado español podía tener intereses ocultos en que aquel no se acabara nunca. Con motivo del último atentado en Francia (Niza, 2016) surgen hoy voces que tratan de exculpar también al asesino, o a quienes inspiran las ideologías por las cuales estos asesinan, y lo hacen de las formas más pintorescas que quepa imaginar. Desde el tópico de la guerra de Irak hasta decir que era un loco aislado y que lo suyo apenas guarda relación con el islam. En línea con ese síndrome de Estocolmo que padece el progresismo condescendiente y omnicomprensivo de nuestros días hasta hay quien dice que quizá el conductor estaba herido por un disparo previo de la policía y por eso no pudo controlar bien el camión…

Tertulianos habituales de los medios de comunicación pueden soltar aberraciones tal que así, incluso en medios que pagamos nosotros, sin que usted ni yo podamos hacer nada para evitarlo, salvo desconectarnos de la moderna telebasura y pasarnos a ver directamente la clásica, que al final va a resultar la menos telebasura de todas.

El acto criminal es tan difícil de cargar sobre la conciencia de los autores, o de quienes sostienen las ideas por las que otros cometen sus crímenes, que moralmente se ven obligados a exculparlos y así, echando las culpas a otros o a las circunstancias, poder dejar la responsabilidad del sujeto en el congelador, como si fuera un niño balbuceante o el miembro de alguna otra especie animal quien cometió esos actos. Pero resulta que no. Son seres humanos adultos y responsables los que están cometiendo todo tipo de atrocidades alrededor del globo, con una predominancia nada casual en países de mayorías musulmanas. Están estos viviendo guerras religiosas más propias de la Edad Media y no en vano, según su calendario, se puede decir que aún viven en ella. Eso sí, mientras las superan, también están plenamente decididos a hacernos partícipes de ellas, extendiendo los mandatos del profeta a donde les lleven sus posibilidades.

Junto al miedo a reconocer el abismo moral de esas ideas pervive aún en ese progresismo omnicomprensivo la falacia del buen salvaje. Todo el mundo es innatamente bueno, por lo tanto ha de ser necesariamente la sociedad quien lo corrompe. Así se expresó, por ejemplo, el anterior presidente del Gobierno español al hablar de su papel mediador (o enredador) con el último responsable del caos venezolano y también comparte esta visión roussoniana la actual alcaldesa de Madrid. Dice el refrán que un tonto siempre encuentra a otro que es más tonto que él y que le admira y nada puede haber más cumplidor con esto que el encuentro tipo Cuando Harry encontró a Sally que se da hoy entre el moderno yihadismo y el progresismo de la izquierda occidental.

Para bien o para mal no somos esa tabla rasa en la que el ambiente puede hacer de nosotros cualquier cosa. Lo que somos y hacemos depende de una mezcla azarosa de naturaleza y ambiente en la que nosotros somos jugadores activos. Entre esos factores ambientales están seguro los mapas mentales que ideologías y religiones se encargan de inculcarnos, marcando las pautas y los objetivos de lo que son nuestros valores, y cuando las ideas vienen de la mano de alguna autoridad sagrada eso puede significar cero reflexión para algunas personas, quedando abierto el cauce para la expresión de la violencia y el terror. Si son de los que todavía creen en la falacia del buen salvaje, supérenlo, háganse ese favor. El libro de Steven Pinker La tabla rasa quizá les ayude.

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Suicidios, crisis y medias verdades

verdades a medias

Las estadísticas pueden ser monótonas y aburridas pero algunos tienen la habilidad de exagerarlas o disimularlas según convenga. Hoy traigo un ejemplo de lo primero.

Desde hace un tiempo los medios llaman nuestra atención sobre el incremento de suicidios en España. En El País señalaban que llevamos tres años en máximos históricos, convirtiéndose en la primera causa externa de muerte desde 2008, mientras que en El Mundo sugerían una posible relación del incremento con la crisis, encabezando la idea con un gráfico digno de la subida al Tourmalet. ¿Recuerdan esa otra entrada sobre cómo hacer gráficos de infarto con sólo cambiar el origen?…

Datos en perspectiva

Tal y como dicen los medios el dato de suicidios muestra una tendencia creciente desde 1980, alcanzando máximos en años recientes. Pero ocurre que la población también se ha incrementado considerablemente en ese período tan largo así que el dato bruto es un pobre indicador para saber si nos hallamos ante cifras ‘históricas’. El gráfico que muestro a continuación recoge la tasa de suicidios teniendo en cuenta la población y aquí, aunque los datos recientes parezcan históricos, la tasa nos dice que no lo son. Al menos en 1994 ya se observa que la incidencia fue mayor.

Suicidio1
La tasa de suicidios presenta además un descenso en medio del período de crisis y una reciente subida, lo que se ve acompañado de variaciones poblacionales en sentido opuesto. Esto por sí solo ya hace difícil achacar los suicidios a la crisis, tal y como insinúan. Parece raro que un mismo fenómeno produzca unas veces una cosa y otras la contraria.

En el mismo medio leemos que desde 2008 el suicidio es la primera causa externa de muerte, superando a los fallecidos en accidente de tráfico. Esto puede ser cierto, lo que pasa es que ha sido más mérito del descenso de la accidentalidad que de las tendencias suicidas crecientes, como pueden ver en esta otra imagen.

Causas externas

Incrementos recientes

Si se observan las cifras por edades entre 2013 y 2014 se produce un aumento en el tramo que va de los 40 a los 50 años y también entre los más mayores. Achacar la causa a la crisis sin siquiera investigar la relación con la edad, la actividad de los fallecidos, la nacionalidad, el sexo o cualquier otra variable demográfica de interés es bastante aventurado.

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Lo único que sabemos seguro es que en el conjunto de la Unión Europea las tasas en relación con la edad presentan un aspecto similar al nuestro y la incidencia de suicidios en España ha permanecido siempre por debajo de la media europea, considerados los 28 o sólo alguna agrupación disponible de la zona euro.

Suicidio4

Suicidio2

Pero… hay más

La Estadística de suicidios se elaboró hasta 2006 conforme a una metodología y a partir de entonces se facilitan los datos dentro de la Estadística de defunciones según la causa de muerte, siguiendo estándares internacionales, tal y como advierte la fuente en este sitio.

En años recientes se introdujo además una nueva mejora que permite reclasificar causas de defunción con intervención judicial no bien definidas con anterioridad. La misma fuente advierte al usuario que las comparaciones con años anteriores por tal motivo deben tomarse con precaución, según dice el aviso en la parte superior de este enlace.

Parece que en este tema como en tantos otros existe el riesgo de dejarse llevar por la corriente. Medios ansiosos por tener seguidores y políticos oportunistas dispuestos a rentabilizar la situación han hecho que estemos predispuestos a creer cualquier dato que sugiera efectos dramáticos de la crisis en la vida de las personas, sea o no cierto. Pero aunque las estadísticas sirvan para construir buenos titulares no deberían tomarse como la verdad revelada, menos todavía cuando ni siquiera al interpretarlas se les está haciendo justicia.

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La renta básica ya está aquí

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Lo dicho y no es retórica. Si no me creen les propongo consultar algunas web de comunidades autónomas en el apartado servicios sociales. Verán los diferentes tipos de ayudas según las particulares circunstancias de cada uno: sin ingresos, emancipación, maternidad, víctimas de violencia… Incluso se llaman así en algunas de ellas: renta básica, renta de ciudadanía.

Cuando vean o escuchen titulares en medios sobre millones de desempleados que no tienen prestación, recuerden que para la Seguridad Social prestación es una cosa y subsidio otra. Recuerden también que tenemos 17 autonomías y varios miles de ayuntamientos con partidas presupuestarias destinadas a gasto social. Añadan a eso las entidades sin ánimo de lucro que reciben ingresos de distintas fuentes, incluidas las públicas, que suponen recursos igualmente gratuitos para miles de hogares.

Otra cosa que también se suele olvidar al hablar de escasas prestaciones es que en España hay más de un millón de hogares que residen en viviendas cedidas gratuitamente por distintas entidades, privadas y públicas, buena parte de ellas propiedad de administraciones (¿cuántas? ¿Alguna fuente fiable?)

Estos recursos que a menudo olvidan contarnos los medios no son gratis. En Europa el coste por habitante de estas prestaciones es muy variado, con un máximo en Luxemburgo y un mínimo de Bulgaria. Como la riqueza de los países no es casual, países más ricos tienen mayores prestaciones.

Excluida la vivienda cedida y la educación, la cifra en nuestro caso es de 5.567 euros por habitante y año. ¿Poco o mucho? Dependerá de lo ricos que seamos y de los contribuyentes netos que tengamos.

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Si a esa cantidad quitamos el gasto en pensiones y salud, el resultado es 2.040 euros por habitante y año. El desempleo, las pensiones de supervivencia y las ayudas por discapacidad se llevan la mayor parte.

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La diferencia entre esto y la renta básica propuesta y rechazada en el referéndum suizo de hace unos días es que estas rentas de ciudadanía que reparten los servicios sociales las pagan unos y las reciben otros (no siempre contribuyentes netos) en función de sus circunstancias. Y otra importante diferencia es que éstas nadie las votó. Se impusieron en las democracias occidentales como forma de mejorar las condiciones de vida de las personas, independientemente de su aportación a la caja común. Actúan como seguros a cargo de los Estados. Si son suficientes o no puede ser objeto de discusión, como también podría serlo su abuso. En algunos sitios los perceptores de ayudas han sido explotados por mafias dedicadas a la mendicidad, otras han servido para nacionalizaciones encubiertas y las hay que sirven como bienes públicos subarrendados ilegalmente a terceros.

Es iluso pensar que una renta básica universal y mayor acabará con las bolsas de pobreza o la marginalidad. Los miembros de la unidad familiar que se lo gasten de forma inapropiada seguirán perjudicando a su prole y tanto más cuanto menos responsabilidad personal tengan o aprendan a asumir para cuidar de ella o para traerla al mundo. Ninguna sopa boba estatal remediará diferencias individuales y males humanos, más bien al revés, sospecha bien fundada cuando ya hemos llegado al punto en el que algunos esperan que la tribu cuide de todos.

Si quieren poner una renta básica universal añadida a lo que tenemos, que al menos no se cuente la milonga de que es para paliar carencias; que se diga claramente que es para animar la inflación o la querencia al subsidio y la drogodependencia a Estados mastodónticos. Suena menos tonto y es mucho más acorde a lo que muy posiblemente consigan.

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Libertad, responsabilidad y… ¿menos ninis?

Libertad

La cifra de jóvenes que no estudian ni trabajan está periódicamente en los medios. El desempleo involuntario sube el dato en países donde el paro en tiempos de crisis económica se dispara y es por eso que me parece interesante observar los motivos que alega el propio colectivo para estar en esa situación, no sólo los totales.

En este sentido, los jóvenes que dicen no querer trabajar ni estudiar porque no quieren (lo que en otra entrada he llamado ninis vocacionales) son un subgrupo particular del que podemos obtener también su propio ranking. He aquí:

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La primera tentación al intentar explicar estas diferencias tan grandes podrían ser los salarios. Después de todo, si la retribución no compensa lo bastante  ¿para qué el esfuerzo? Turquía y Bulgaria en un extremo y Luxemburgo y Suiza en el otro podrían apuntar hacia ahí. Sin embargo, con un porcentaje alto de ninis también aparece Irlanda, uno de los países de la Unión Europea con salarios más altos, lo que nos descuadra una relación tan simple.

Los salarios pueden estar en el meollo o ser una variable intermedia. Lo que parece claro es que la economía y la cultura de cada país guardan alguna relación. El dato de Turquía es realmente llamativo así como el irlandés, suizo y luxemburgués.

Si la sobreprotección del entorno, familiar o colectivo, por razones culturales, políticas o religiosas favorece estas actitudes, entonces la educación en valores de responsabilidad individual bien podría ser su contrario. Algo de esta idea encierra el valor del Índice de libertad económica, aunque países que han hecho una rápida transición como Estonia también tienen una alta proporción de ninis vocacionales. ¿Entonces? No desesperemos, quizá haya aspectos culturales que cambian más lentamente que el modelo económico.

Lo que sí es bien conocido es la relación entre el Índice de libertad económica y la riqueza de los países. Si utilizamos ese mismo dato en relación con el total de jóvenes entre 15 y 34 años que no estudian ni trabajan, sean cuales sean sus motivos, obtenemos el resultado que vemos a continuación.

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Como ocurre tantas veces, en el medio de las clasificaciones nos encontramos a España, posición central que habla de un potencial que puede ser tanto de ir a mejor como de ir a peor, dependiendo del camino que decida tomar. Nos hallamos ante el dilema de elegir entre una economía que premia el mérito y favorece el esfuerzo frente a otra que promueve el derecho adquirido, la reclamación y el subsidio.

Este domingo votan en Suiza una renta básica, lo que permitiría a los ciudadanos trabajar “sólo si quieren”. Y no será, dicen, una mera redistribución del gasto social -lo que podría tener sentido si salen las cuentas-, sino un derecho para todo ciudadano. El que quiera ganar más, trabajará más y en cosas que son de su elección. Suena perfecto, no me dirán.

Como Suiza tiene un porcentaje tan bajo de ninis vocacionales quizá no se hayan dado cuenta del problema que eso supone del lado del incentivo, pero lo que es seguro es que el largo plazo y las finanzas del sistema les obligarán a replantearse el asunto, caso de salir adelante la idea pero no las cuentas. Digamos de paso que Suiza tiene hoy un equilibrio presupuestario envidiable, con uno de los déficits más bajos y menor porcentaje de ingresos fiscales en relación con el PIB.

En otros países, con finanzas mucho menos saneadas, también hay corrientes de opinión que pretenden más o menos lo mismo en nombre de la dignidad de las personas, pero quienes eso dicen hablan al mismo tiempo de pobres energéticos, pobres hídricos, parados crónicos… Como si colgar esas etiquetas fuera algo muy digno y no la vieja cultura del “Tú dame pan y llámame tonto”.

La ideología del igualitarismo forzoso y los derechos sin contrapartida es la que inspira en la docencia aprobados para no discriminar y en empresas tuteladas inyecciones de capital, guarden o no relación con los resultados. Esta filosofía tiene un coste en el medio y largo plazo para la sociedad, que es el empobrecimiento generalizado.

Si se inculca la idea de que las personas no se pueden valer por sí mismas, lo siguiente es creérnoslo y otorgar a otros el poder de organizar cualquier aspecto de nuestra vida. Un ejemplo a escala mayor son también los gobiernos que protegen a sus economías en exceso frente al exterior, impidiendo la sana competencia y retrasando la innovación, algo muy relacionado con la riqueza de los países. Desde esta perspectiva, gran parte de los datos de ninis vocacionales que vimos al principio, si no todos, tienen su pleno sentido, al menos para mí.

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¿Ha perdido tres millones la clase media?

Poblacion

Un reciente informe sobre distribución de la renta, crisis y políticas redistributivas en España ha sido acogido en prensa con llamativos titulares sobre la pérdida de efectivos de la clase media. Tres millones menos según se puede leer aquí, aquí o aquí, por decir sólo algunos sitios relevantes.

Posteriormente en diferentes medios he visto críticas sobre el tema pero todas centradas en recordar que la mayor pérdida de ingresos ha tenido lugar en las rentas bajas, algo que, en realidad, ya dice el informe citado por los medios. Según éste:

“Los cambios en la composición del empleo y la dispersión salarial asociada explican parte del aumento de la desigualdad observada entre hogares.

Pero el factor más importante es el cambio en la intensidad de trabajo: aumento del desempleo, del trabajo temporal y del trabajo a tiempo parcial.

Tres cuartas partes del incremento en la desigualdad se deben a la disminución en la intensidad de trabajo de parte de los hogares.”

Sirva esto para recordar aquella otra entrada en la que mostraba algunos factores que repercuten y ayudan a entender el tema de la desigualdad, desde un punto de vista meramente descriptivo, como índice de concentración que es.

Días después de lo de los tres millones, El País se apresuró a publicar esto otro: No es la clase media; es la clase baja. Supongo que para insistir en el sufrimiento de las rentas bajas y quitarnos un poco el susto, tras haber adelgazado a la clase media en varios millones.

Sin embargo, no he visto hasta ahora ningún desmentido sobre esos tres millones y lo más sorprendente del todo es que siendo falso nadie se haya molestado en comprobarlo.

La esencia de la pérdida de efectivos se centra en los porcentajes que salen de este gráfico, extraído de la nota de prensa:

14625361110977

Aplicando esos porcentajes a las correspondientes cifras de población en 2004 y 2013 para ver la diferencia en valor absoluto nos da esto:

Tabla1

¿De dónde salen entonces los tres millones? Imagino que de aplicar la diferencia porcentual 58,9-52,3=6,6 a la población en el último año. Es decir, de considerar que la población no ha cambiado nada en todos estos años, de ahí el error.

0,066*46.727.890=3.084.041

He de decir que ni el informe original ni la nota de prensa mencionan esa pérdida de tres millones, o al menos yo no lo veo.

Y es curioso que algunos hayan sido capaces de escribir largas críticas sobre el sufrimiento de las rentas bajas para quitar importancia a lo de los tres millones sin mencionar algo tan sencillo (ejemplo). Desde su perspectiva no debe estar mal del todo sacrificar a la clase media en beneficio de los que más sufren, sean cuales sean sus causas. Así se entiende que la idea de crear riqueza para elevar el nivel de vida del conjunto mediante el empleo no clientelar no esté en los planes de los amigos de la redistribución y el pobrismo, sino más bien lo contrario.

Al tratarse de un reparto lo correcto en un titular hubiera sido decir: “La clase media representa un 6,6 % menos que en 2004”, o similar. No se puede ir mucho más allá en términos absolutos, dado que la población total es una variable que puede cambiar cada año, al igual que el porcentaje, y los incrementos o descensos en la población incluida en las rentas medias pueden deberse tanto a una cosa como a la otra.

Tabla2

Estructura poblacional

Los autores del informe sobre distribución y redistribución de la renta que ha dado lugar a la confusión establecen una definición de clase media muy razonable: la que se encuentra entre el 75% del valor mediano y dos veces ese mismo valor. Tiene sentido hacerlo así puesto que la distribución de ingresos no es simétrica.

Con este criterio, y usando valores aproximados basados en la información publicada por la propia Encuesta de Condiciones de Vida podemos ver aquí una evolución de la estructura por grupos de renta desde 2007 hasta el último año disponible, 2014, no recogido en aquel informe.

Como se puede observar, el porcentaje de 2013 que sale aquí es algo superior al suyo pero se acerca bastante a la realidad y es igualmente útil para visualizar los efectos del cambio en la estructura poblacional.

Rentas medias y estructura

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Ver para saber

La expresión ver para creer como señal de asombro ante una realidad que no pensábamos cierta sirve también de inspiración para la publicidad y para todos aquellos que de un modo u otro utilizan la visualización de datos en su trabajo.

Aprovechando que tenemos noticias recientes sobre algunos datos de pobreza y desigualdad, de los que hemos hablado antes en este sitio, quiero mostrar lo fácil que es dramatizar determinadas noticias usando para ello la representación gráfica.

Algunos ya estarán familiarizados con lo que voy a contar, así que para ellos esto no será nada nuevo; sí lo será el último dato de la serie, que se ha publicado hoy.

A continuación vemos la evolución de dos de los indicadores más mencionados al hablar de estos temas: desigualdad de ingresos y pobreza energética.

Sin cero

Observen y comparen ahora con estos otros gráficos que presento aquí:

Con cero

Son las mismas cifras, ampliadas hacia atrás en el segundo caso, pero el aspecto es muy distinto. Sorprende ¿verdad?

Empezar el eje “Y” en cero era una de las primeras recomendaciones que se dieron desde la profesión estadística para normalizar la representación gráfica de los datos. Darrell Huff lo mencionaba también en el libro que reseñamos aquí, entre otros malos usos.

Por supuesto, no siempre será obligatorio empezar en cero. Es más, en algunos casos seguro que es inevitable saltarse la recomendación y en ciertos sectores es incluso la forma habitual de trabajar con ellos. Esto ocurre por ejemplo entre inversores, acostumbrados a observar pequeños matices y efectos y cambiar la perspectiva según el corto o largo plazo de la variable a considerar. Pero siempre que se reduzca la escala y especialmente con fines divulgativos se recomienda añadir algún tipo de marca de discontinuidad en los ejes. Una señal que permita al lector saber fácilmente que hay algo más por debajo del valor inferior que se muestra. Esto vale también para saltos en el eje “X”, cuando por ejemplo se mezclan datos anuales y quinquenales sin guardar la debida proporcionalidad. Lo alarmante de algunas subidas y bajadas quedaría ciertamente menos alarmante siguiendo estas recomendaciones, pero sería mucho más acorde con la realidad.

Por cierto, ¿se han dado cuenta que ambos indicadores muestran un valor inferior en el último año? ¿Abrirán hoy las noticias diciendo que la pobreza energética se ha reducido un 4,5%?… Claro que no. El periodismo hoy más que nunca tiene que vender y la realidad sin sobresaltos vende poco.

La explicación de la evolución que apuntan estos datos es muy sencilla. Como ya contamos en su día, mejoras en el empleo y diversos indicadores de la economía invitan a pensar que hay cambio de tendencia. Ello no quiere decir que no siga habiendo amenazas recesivas en el panorama, pero el desempleo en España de la magnitud que dejamos atrás es difícil que se repita y esa sigue siendo la clave de muchas variables que se refieren a pobreza, carencia material y condiciones de vida en general, debido a que el desempleo está muy concentrado en los extremos bajos de la distribución de ingresos (como vimos en esta otra entrada).

TasaDeParo

Tener varias regiones entre las de mayor desempleo en la Unión Europea es causa de muchos problemas sociales pero también síntoma y efecto de que algo no se hace bien. La política más parece hoy el arte de colocarse sin muchos méritos que otra cosa, pero habrá que recordar igualmente que mejores cifras son posibles. Aquella frase atribuida a Einstein de “si quieres obtener resultados distintos no hagas siempre las mismas cosas” bien puede traducirse aquí por “si no quieres que estemos siempre en el furgón de cola, más vale que cambies discurso y receta”.

Paro2015

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Muerte, mortalidad y esperanza de vida

 

Game over

Nada hay de momento que evite la muerte. La naturaleza nos impone el duelo cuando el destino pone fin al juego y ordena otro tipo de partida. Sin embargo, la idea de lo inevitable no nos impide vivir. El ser humano reflexiona desde antiguo sobre el tema, lo vemos en el arte y en la ciencia, sin que eso nos quite el buen humor por extraño que parezca, aunque a éste entonces lo llamemos negro.

Existen fórmulas para tratar el dolor y el absurdo vital. Las religiones institucionalizadas nacen seguro de esos miedos pero el final sigue ahí, a pesar de la fe y los parroquianos, así que los científicos, más prosaicos ellos, no dejan de investigar para decirnos con gran precisión cuál es la esperanza de vida, las causas de muerte o si la inmortalidad estará algún día a nuestro alcance.

La esperanza de vida es un indicador de salud poblacional que no ha dejado de crecer en las últimas décadas. A primeros del siglo XX la esperanza de vida de un español era de apenas 35 años. Eso no significa que lo normal entonces era morirse más o menos a esa edad, como a veces se dice. El valor en un año se calcula a partir de la mortalidad de las distintas edades y, por lo tanto, se ve afectado por las condiciones de vida de cada edad. Una mortalidad infantil muy elevada el año en cuestión puede incidir significativamente en el valor de la esperanza de vida, de ahí que reducir esa mortalidad haya sido clave en el aumento tan importante de ésta. En países con alto desarrollo humano el aumento es menos notable, aunque sigue habiendo diferencias entre sexos, países y regiones.

Mortalidad y Esperanza de vida

Recientemente se ha hablado de diferencias incluso por grupo de ingresos (la desigualdad sobre la esperanza de vida), pero comparar este indicador implica las condiciones de vida que tuvieron los adultos en el pasado, no sólo las actuales. En términos globales, la mortalidad infantil se ha reducido rápidamente también en las áreas más pobres, lo que sugiere que no hay una tendencia simple que relacione incrementos en desigualdad de ingresos con algo similar en la esperanza de vida, sino causas diversas que afectan a distintos segmentos de población.

Antes era más probable morirse antes, qué duda cabe. Lo que no sé es si nos moríamos mejor o peor. Los avances médicos permiten algo novedoso respecto al pasado: alargar el trance, hecho que no lo hace menos doloroso pero no deja de ser una prórroga de regalo. Frente a esta natural y más larga despedida, nos llaman la atención noticias sobre muerte digna y suicidios asistidos, como el de la joven holandesa que se ha dado a conocer estos días, aunque ocurriera en realidad hace un año. Las vías de escape siempre han existido pero hoy la difusión y los medios permiten además opinar sobre todo, incluida la vida (y la muerte) íntima de las personas.

Velando siempre por nuestro bien, las leyes aciertan unas veces y se equivocan otras, algo que el tiempo suele corregir. Entre las cosas que quizá existan en un futuro lejano estará eso que se llama inmortalidad, quién sabe, pero tampoco descartemos lo opuesto, algo como la cabina suicida de Futurama, que por el módico precio de 25 centavos permite al usuario elegir el tipo de despedida, sin más que presionar el botón adecuado: indolora, lenta, con motosierra…

FuturamaCabina2

El humor negro y la imaginación son buenos remedios contra lo inevitable y puestos a imaginar, si esta realidad es sólo un suceso de los muchos posibles que ocurren a la vez, como algunos científicos sostienen, entonces debe haber algún universo paralelo en el que ya habremos conseguido la inmortalidad. Y en tal caso, ¿por qué preocuparse en este universo? Alegren esas caras, pues, que el juego sigue, aunque sea en un mundo que no está en éste. Auguro mucho futuro a la idea del multiverso, si no como teoría científica, sí al menos como religión, mucho más consoladora y convincente que cualquiera de las que tenemos hoy.

URNAREDMientras llega a nosotros esa inmortalidad, conformémonos con las innovaciones que ayudan a los recuerdos. Tenemos ya opciones para todos los gustos, desde rituales consistentes en echar las cenizas en algún lugar simbólico para el ausente -con permiso de la autoridad- hasta convertirlas en joyas y plantas. Fórmulas que inventamos al fin y al cabo para tratar inútilmente de retenerlos en lo que una vez fue su mundo, aunque ya nunca más lo sea.

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